El desaforado de la Casa Blanca
Todo lo que sale de la Casa Blanca de Estados Unidos es, cuando menos, insano. Su actual inquilino está actuando como si fuera el emperador de todo el planeta, con total desprecio a las normas de convivencia internacional que hace ocho décadas Estados Unidos fue uno de los promotores y firmantes, cuando se buscaba un equilibrio que impidiera una tercera guerra mundial.
Es verdad que ese país, que salió como indiscutible potencia mundial del violento encontronazo de los años 40 del pasado siglo, violó más de una vez lo acordado e hizo valer su fuerza extendida por más influencia o control global. Sin embargo, la actual administración de la Casa Blanca ha exacerbado ese poder y se lanza a aventuras mortales que, por ahora, están costando vidas de quienes agrede. Pero tal desprecio y abuso hacia los otros puede tener un tope y darle un golpe contundente de sopetón a pesar de su fuerza. Tiempo al tiempo.
El señor Donald Trump y su equipo están dictando las normas y lo hacen con la violencia de sanciones, aranceles, bloqueos económicos totales, propuestas de compra de territorios o países independientes, golpes quirúrgicos militares, guerras proxy y financiamiento a genocidios. Para todos y cada uno hay nombres en la agenda trumpiana que se está ejecutando con precisión y hay algunas naciones apetecidas abiertamente o las consideradas enemigas a destruir o doblegar en esta su segunda vuelta a la Casa Blanca. Indistintamente a la pretensión y el modus operandi en esa lista están China, Rusia, Irán, la República Popular Democrática de Corea, Palestina, Canadá, Panamá, Groenlandia, México, Colombia y Venezuela.
DESPRECIO A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Para protegerse las espaldas, Estados Unidos se ha retirado de 35 organismos internacionales no pertenecientes a la ONU y de 31 agencias de la Organización de las Naciones Unidas porque no convienen sus postulados u objetivos a sus intereses imperiales, porque esas entidades tienen vida para proteger intereses comunes de quienes las integran, generalmente para buscar la estabilidad, el equilibrio y la paz mundial o regional, lograr un desarrollo socioeconómico más armónico, proporcionado y justo, garantizar la igualdad de derechos para todas las naciones, pueblos y personas que habitamos este planeta.
Sin embargo, desde el 20 de enero de 2025, más acentuado que en otros momentos, Trump y su gente han puesto patas arriba al mundo, acercándolo al abismo de un peligroso e impredecible caos, imponiendo la ley del más fuerte y no respetando la fuerza de la ley. Exigen que la gobernanza sea a su manera y extienden una crisis global para aplastar el multilateralismo y la cooperación entre países.
Trump inició 2026 totalmente desaforado, en loca carrera y sin bridas de contención de los otros poderes de Gobierno en Estados Unidos, a los cuales desconoce e incluso ataca y hasta acalla.
Lo que está sucediendo desde el 3 de enero, cuando amparados alevosamente en la oscuridad de la madrugada secuestraron al Presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, la diputada Cilia Flores, y bombardearon puntos civiles y militares en cuatro estados venezolanos (Caracas, Miranda, La Guaira y Aragua) da fe de esa entronización del feroz atropello con que actúa el mandatario, una conducta desmedidamente insana, desequilibrada y fuera de la ley, que indiscutiblemente merece su desaforo porque está cometiendo delitos de lesa humanidad, puede ser mediante el impeachment —la destitución o juicio político previsto en las leyes estadounidenses, aunque ya se haya librado de dos, pero como dice el proverbio «a la tercera va la vencida», o que lo juzgue y condene la Corte Penal Internacional por cometer crímenes de genocidio, guerra, agresión y lesa humanidad. Solo bastaría su complicidad con Benjamín Netanyahu en la limpieza étnica y destrucción de Gaza, pero va más allá en su ejecutar e intenciones, que se conocen en supuestas guerras contra el «terrorismo» en varios puntos de la geografía africana, en el norte de ese continente y en la región del Medio Oriente, y otras regiones donde azuza y tensa conflictos.
Donald Trump se vendió como pacificador y aspiró a obtener el Premio Nobel de la Paz, pero se ha ido quitando la máscara que solo servía para engañar a ingenuos. Alucinado por el poder, no mide las consecuencias, incluso para la población estadounidense, comprometida ya negativamente, perdiendo derechos ciudadanos, viviendo en un clima de irracionalidad donde crece el racismo, la xenofobia y el extremismo político de un nacionalismo blanco que intenta, y lo está logrando, permear la cultura y la vida pública de EE. UU. en mayor deterioro aún de su especial democracia.
Esa población, quiéralo o no, está siendo preparada para una gran guerra. Tendría que preguntarse para qué quiere un presupuesto ya aprobado de un billón de dólares que regirá este año, y, sobre todo, para que quiere su Presidente el demencial y exorbitante monto que acaba de anunciar solicitará para 2027, si no es para una guerra mundial: 1,5 billones de dólares (1 500 000 000 000), que dice provendrán de los aranceles cobrados a otros países para construir su «Ejército soñado» y garantizar la seguridad nacional.
EL CINISMO EXPLICA EL CASO VENEZUELA
Por lo pronto, en estos nefastos días, se ocupa del anunciado control indefinido de las ventas del petróleo venezolano, tras el acuerdo que dicen alcanzaron con las autoridades interinas de Venezuela.
Lo anunció también el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, uno de los multimillonarios incrustados en ese gobierno de los ricos, para los ricos y por los ricos, pues es el director ejecutivo de Liberty Energy, la segunda mayor empresa en América del Norte de fracturación hidráulica, la técnica de extracción de petróleo o gas en formaciones rocosas petrolíferas.
Ahora lo obtendrá de manera más fácil y sin costo, porque simplemente se lo están robando. Cómo podía perderse esa «enorme oportunidad» que así la calificó.
Wright explicó que primero comercializarán el petróleo almacenado y represado, y posteriormente y de manera permanente, toda la producción futura de Venezuela, en cuyo suelo están las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Los ingresos de estas operaciones se depositarán en cuentas gestionadas por el propio Trump, según dijo este y precisó que EE. UU. autorizará la venta de este petróleo —entre 30 y 50 millones de barriles— a refinerías en su territorio y en otros países, pero todas las transacciones serán realizadas directamente por el Gobierno norteamericano.
¿Dónde explicitó Wright los propósitos? En una conferencia energética organizada por Goldman Sachs (uno de los grupos de banca de inversiones y de valores más grande del mundo, en Miami, la que por cierto parece ser la nueva capital de Estados Unidos, pues en el War Room (cuarto de guerra allí establecido) se están cocinando los encuentros y planes de dominio mundial, y desde allí Trump y sus secuaces observaron, como si fuera un impactante filme de acción, el secuestro del presidente Maduro y el vil asesinato de venezolanos y cubanos de su guardia de seguridad.
Con mayor cinismo y prepotencia lo dijo a CNN un personaje siniestro y casi en las sombras, Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asesor de Seguridad Nacional: «Somos una superpotencia y bajo el presidente Trump nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedor de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros.
«Estamos al mando porque tenemos al ejército estadounidense estacionado fuera del país. Nosotros fijamos los términos y condiciones. Tenemos un embargo total sobre todo su petróleo y su capacidad para comerciar».
Agreguen que le «ordenó» a Venezuela romper vínculos con Cuba, Rusia, China e Irán…
La guerra al narcoterrorismo no es más que una burda mentira primaria para ocultar los dos propósitos reales del Corolario de Trump, como le ha llamado a esta Doctrina Monroe corregida y aumentada: el control económico y político del continente de las Américas, el hemisferio occidental de la geografía planetaria, dominando riquezas y recursos, y aplastando a los Gobiernos y sociedades que defiendan su soberanía e independencia.
Cuidado si no va ya a por Colombia y en otro hemisferio en busca de Irán… Alguien debiera susurrarle al oído: «El que mucho abarca, poco aprieta».