La imagen no vista de Vinicius en el banquillo tras ser sustituido contre el Atlético: dice mucho de cómo está
Las palabras dan vueltas sobre Vinicius, las cámaras le persiguen en los partidos, los rivales quieren sacarle de quicio y también los entrenadores, como hizo Simeone en la semifinal de la Supercopa. Vini está en el ojo del huracán, por lo que hace y por lo que no hace. No es fácil vivir así y hubo una imagen, justo al ser sustituido en la semifinal contra el Atlético, que refleja que hay momentos en los que el futbolista que, recordemos, solo tiene 25 años, se enfrenta a la desolación. Miraba al suelo, se quitaba el sudor y volvía a mirar al suelo, como buscando explicaciones.
Pero esas explicaciones solo van a llegar por su fútbol, porque recupera su entusiasmo y su habilidad, la insistencia y la capacidad para olvidar el error. Contra el Atlético de Madrid, Vinicius no estuvo bien. Fue un partido incómodo para él desde el primer minuto, sin desborde, sin continuidad y con una sensación persistente de desconexión respecto al juego colectivo. El encuentro se le fue haciendo cuesta arriba hasta que Xabi Alonso decidió sustituirlo, una decisión poco habitual pero significativa en un escenario de máxima exigencia.
Durante todo el partido, Diego Simeone no dejó de buscarle. Gestos, palabras, provocaciones constantes, una estrategia conocida que forma parte del manual del técnico argentino. En el momento del cambio, cuando el brasileño se dirigía hacia el banquillo, Simeone le lanzó una frase que no pasó desapercibida: le pidió que escuchara los pitos que bajaban desde la grada.
Mal momento de Vinicius
El problema para Vinicius no es solo ese partido. Arrastra una racha prolongada sin marcar, una sequía que empieza a pesar en su lenguaje corporal y en su relación con el juego. El extremo sigue intentándolo, sigue pidiendo el balón, pero las acciones ya no fluyen con la misma naturalidad. Hay imprecisión en el último gesto y ansiedad en la toma de decisiones. El gol, que antes aparecía como consecuencia lógica de su fútbol, ahora se le resiste partido tras partido.
La comparación con su pasado reciente es inevitable. Hace dos años, Vinicius firmó una final de Supercopa contra el Barcelona que todavía se recuerda por su impacto, su descaro y su capacidad para romper el partido desde el primer duelo individual. Aquella noche fue imparable, decisivo, dominante. Hoy, en cambio, llega a una nueva final muy lejos de ese nivel, necesitado de un partido que le devuelva la confianza y le permita reconciliarse con sus mejores sensaciones. La final del domingo aparece como una oportunidad clara para llenarse de moral, para resetear desde el césped.
La imagen del banquillo tras ser sustituido ante el Atlético fue elocuente. Esa escena, captada por las cámaras, resume mejor que cualquier estadística el estado anímico de un jugador acostumbrado a vivir en el exceso: de la euforia al abatimiento, del protagonismo absoluto a la duda.
Ánimos de Xabi Alonso
En la víspera de la final, Xabi Alonso se refirió a su situación con un mensaje directos. “Cada jugador es diferente, es emocional, hay que saber estar cerca de él. Es cuestión de momentos y volverá a jugar a su gran nivel, a disfrutar, a ser decisivo. Puede ser un buen momento para Vinicius, históricamente ha sido decisivo en finales y mañana es un partido grande, de final y ojalá podamos ver a Vini sonreír y ver la alegría que ha tenido”.
La final frente al FC Barcelona vuelve a situar a Vinicius ante un escenario que conoce bien. Un partido grande, una noche de máxima exposición y un contexto en el que su fútbol siempre ha encontrado espacio para emerger. El Real Madrid necesita su desequilibrio para romper partidos de máximo nivel e importancia.
Vinicius sabe que tiene una oportunidad: la de responder desde el juego, sin discursos ni gestos añadidos. La Supercopa no resolverá su temporada, pero sí puede marcar un punto de inflexión. En una final, con todo el foco encima, el brasileño vuelve a encontrarse con ese lugar incómodo que tantas veces ha transformado en escenario propio.