Córdoba cuenta con pocas jornadas verdaderamente invernales. Muchas de ellas se han dado en los últimos días, cuando el termómetro ha llegado a marcar, según el centro de control del Aeropuerto, hasta -4,3 grados. Es durante esos días cuando numerosas instituciones y organizaciones se vuelcan con las personas sin hogar u otras que tienen infraviviendas. El llamado plan 'Ola de frío' se activa y con él numerosos recursos. Muchos de ellos funcionan todo el año, otros se activan de forma especial para la ocasión. Entre ellos se cuentan diversas casas de acogida, pero también las rutas de reparto que realizan tanto Cruz Roja como Cáritas , con el objetivo de llevar comida o abrigo a las personas que, por motivos variados, van a dormir al raso. Unos pernoctan en poyetes de comercios o bancos, otros en cajeros, muchos en los diversos soportales que hay repartidos por los barrios. Tanto el voluntario referente de la unidad de emergencia de la Cruz Roja, Javier Alférez, como el responsable de la de Cáritas, Fernando Serrano, coinciden en que, actualmente, duermen en torno a 50 ó 60 personas en la calle, pero debido a que muchas, a causa del tiempo, acuden a los distintos refugios, cosa que no sucede el resto de estaciones con más volumen. La unidad de emergencia de la Cruz Roja sale los martes y los jueves, la de Cáritas los lunes, miércoles y viernes. La primera realiza una serie de paradas genéricas, siempre las mismas. A ellas les añade otras destinadas a llegar a aquellas personas que tienen problemas de movilidad. La Cruz Roja, durante el invierno, sale a las 20.00 y concluye sobre la medianoche. Empiezan en Ministerios -en la Avenida del Aeropuerto con Tomás de Aquino-, siguen por la Plaza de Andalucía en el Sector Sur, van al Bulevar del Gran Capitán junto al Corte Inglés , continúan por Colón, Ollerías, Ronda del Marrubial, Jesús Rescatado y Miguel de Unamuno, precisamente junto al albergue de Cáritas. Por su parte, la unidad de Cáritas trata de ofrecer un recorrido complementario, menos basado en paradas concretas para que se acerquen las personas necesitadas, que en ir a donde sabe que suelen estar cobijados , con la intención de evitar alguna aglomeración en determinados vecindarios. Salen en torno a las ocho menos cuarto y se quedan igualmente haciendo su ronda hasta las doce. Al margen de eso, el 'modus operandi' es muy similar. Ambos funcionan con voluntarios, salvo que en el caso de Cáritas hay un técnico más especializado que los acompaña. Ambas unidades están perfectamente coordinadas. «Les ofrecemos a todas las personas un menú que consiste en un bollo de pan, magdalenas, queso y embutido; a nivel nacional, el Colegio de Enfermería ha donado un kit de ropa de frío con gorros y mantas térmicas ; otras tras donaciones también han aportado más gorros, bragas y bufanda; y aparte llevamos sacos de dormir y mantas», explica el voluntario de referencia de la Cruz Roja, Javier Alférez. Cáritas actúa de manera similar: «les llevamos una cena de pic-nic, con café, Cola-Cao o caldo caliente; luego damos un bocadillo con dulce y fruta; y también mantas, sacos de dormir, gorros, bufandas, ropa interior o calcetines, estas dos últimas generan mucha demanda, ya que son más difíciles de conseguir salvo en lugares que ofrezcan aseo », indica Serrano. ABC Córdoba acompaña a la unidad de Cruz Roja en el Bulevar. Junto a Javier Alférez hay cuatro voluntarios. Son Mari Cruz Moreno, José García y María Jesús Vázquez. Mari Cruz empezó como voluntaria hace tres años y colabora con esta labor y otros departamentos. José comenzó más recientemente, a raíz de la muerte de sus esposa, mientras que María Jesús en el 2019. Todos ellos consideran que reciben mucho más de lo que dan a los demás y se sienten verdaderamente reconfortados. Su trabajo empieza con un registro de la persona que acude a ellos, con el objeto de mantener un inventariado de la comida o prendas que se dan a cada usuario. Muchos de ellos son ya viejos conocidos y entablan conversación con ellos. Una de las personas que acuden es el cordobés Felipe Madueño. Como otros usuarios cuenta con vivienda, una habitación en un piso compartido, pese a que está jubilado. Era conductor de autocar y se quedó parado. La falta de años de cotización hizo que sólo cuente con una pensión no contributiva, insuficiente para todo. «Suelo comer en el comedor de los Trinitarios y he venido hoy aquí a por artículos de higiene, pero no tienen», indica. Aprovecha sin embargo para tomar la cena que le aportan. Nieve Romero vive con su hermano en un pueblo de Córdoba, Villanueva, pero se ve obligada a dormir al raso en la capital cuando viene a sus revisiones médicas. «Estuve también un tiempo en Linares en muy mala situación, y ahora me veo igual ». Su caso procede de fallidas relaciones con sus parejas «y en lugar de ir avanzando fue todo para atrás». A pesar de ello considera que otras personas están peor. Acude con una amiga del pueblo en semejantes circunstancias que prefiere no dar su nombre. Su caso se agravó con la reciente muerte de su marido, a su juicio por los excesos de la quimioterapia aplicada a su cáncer . «En Villanueva malvivimos durante 21 años». Llevaba con él muchísimo tiempo, desde los 18, y se casaron en 2023. «Tengo vivienda pero no para el alquiler, ni para la luz, ni para el agua; mis niños se los tuve que entregar a mis padres , cosa que les agradezco mucho». Cuenta con una pequeña pensión, y no le quedó ayuda por viudedad debido a que su difunto marido no cotizó los suficiente. Al margen de estos ejemplos, Alférez reconoce que el perfil de usuario se aproxima sobre todo a «un hombre, de nacionalidad española, y con una edad que oscila entre los 45 y los 65 años; luego hay otro tipo de personas, normalmente temporeros de las labores agrícolas que están de paso». Pero, ¿por qué muchos deciden quedarse en la calle a dormir? [en el caso de los que no son temporeros]. Además de la escasez de plazas, pues llega a haber listas de espera, «las personas que optan por quedarse en la calle es porque tienen algún problema de salud mental, agravado muchas veces por algún tipo de consumo, ya sea alcohol u otro tipo de sustancias, o simplemente porque no quieren compartir habitación ni convivir con más personas y prefieren refugiarse en algún soportal y pasar ahí la noche», precisa, por parte de Cáritas, Fernando Serrano. A los sin techo oriundos de Córdoba y los temporeros hay que añadir a algunos más itinerantes que proceden de otras ciudades y recalan en Córdoba por un tiempo más bien escaso, debido a su situación como nudo de comunicaciones. Entre todos ellos, y salvando los meses de frío, los vagabundos suelen sumar una cifra cercana a los cien. Se reparten por toda la ciudad, habiendo alguna pequeña concentración mayor en el centro o en Ollerías, gracias a la abundancia de soportales, pero llegan también a lugares como la trasera del Zoco o el polígono del Granadal. En realidad, cualquier cobijo seguro es bueno. En lo que coinciden todos los técnicos y voluntarios es en algo sencillo pero no por ello menos cierto: cada caso es distinto, y cada historia encierra particularidades que hacen única esta dura vivencia. Tras partir el vehículo de Cruz Roja desde la fuente del Bulevar, aprovechando la techumbre de las oficinas bancarias cercanas, se convierten en improvisadas camas para pasar una noche fría. El Ayuntamiento de Córdoba activó el pasado 1 de noviembre su campaña anual contra el frío. Este dispositivo, coordinado desde los servicios sociales, tiene como eje central la Casa de Acogida Municipal , donde se han habilitado 20 plazas extraordinarias con un horario de atención nocturna que abarca desde las 20.00 hasta las 09.00 horas. El servicio ofrece una cobertura integral que incluye cena, aseo personal, pernocta, desayuno y un sistema de consigna. Para reforzar la capacidad de respuesta, la red municipal colabora con entidades de la Red Co-habita. Entre todas ellas suman unas 50 plazas más.