Valeria Castro en Madrid: en cuerpo y alma
Con cariño y con cuidado. Con instinto y determinación. Con sentimiento y tesón. Así hace las cosas Valeria Castro: con talento, después de todo. Hay una costumbre en peligro de extinción que la artista canaria (La Palma, 1999) protege como nadie. Se trata de una sensación cada vez más difusa, un sentimiento de alcance complejo, y que tiene que ver con estar en un lugar con los cinco sentidos. Sin distracciones. La música de Valeria consigue que una persona sea capaz de verse mental y físicamente concentrada en el más íntimo y preciso presente. Así ocurrió ayer cuando, sobre las 20:35 horas, todos los asistentes del Movistar Arena de Madrid no estaban en otro sitio que no fuese bajo su tierno y generoso embrujo.
La cantante ofrecía su primera fecha en grandes estadios, que continúa el 21 de marzo en Tenerife, el 26 de julio en Gran Canaria y 30 de octubre en Barcelona. Pero el de ayer fue encuentro especial. Uno que arrancaba el año, y con el que la cantante volvía de pleno tras un necesitado descanso. Un parón consecuente de un agotamiento, que llegó hasta su garganta, y ante lo que la artista tomó la decisión de cuidarse. De parar para no petar. Un ejemplo de paciencia que roza lo reivindicativo, pero siempre desde la más absoluta delicadeza, como acostumbra.
El concierto estaba enmarcado en su gira “El cuerpo después de todo”, interpretando por tanto las canciones que componen el álbum homónimo (su segundo trabajo después de “con cariño y con cuidado”, 2023). Un disco que es un canto a la verdad, una suerte de manifiesto perseverante y honesto en el que rinde homenaje a la faceta más sensorial, sensible y rebelde (con causa) del ser humano. Una mirada musical hacia lo más profundo de nuestro interior, que transmitió en un directo donde todos los asistentes tuvimos esa vertiginosa oportunidad de sentir sin prejuicio.
"Tengo claro que no tengo nada que perder aquí", cantó Valeria. Sentó cátedra, arrancando el concierto con estos emotivos versos de "La soledad", seguidos de los de "Tiene que ser más fácil", "Honestamente", "Parecido a quererte" y "El cuerpo después de todo". Sirvió este comienzo como espejo de su música y su trayectoria: ambas sentidas y sufridas, ambas producto del esfuerzo y el reparo. Son sus canciones un antídoto contra la banalización del sentimiento. Es este disco una pura observación hacia dentro, hacia el alma. "Lo publiqué en marzo del año pasado, donde hablé de lo que sentía y padecía antes de poder ponerle palabras sin melodía. Hay pensamientos que no caben en el lenguaje, solo con esta herramienta que es la música, que permite que nos salgan dolores, presiones y todo lo que nos hace sentir un poco más vulnerable", se sinceraba una Valeria con una sonrisa de oreja a oreja que estiraban tanto los nervios como la adrenalina.
Estuvo como en una reunión de amigos. Siguió las recomendaciones de "mi profesora de canto, que me dice que me sienta una más de todos ustedes. Cuando actúo, soy parte del público, así me hacéis sentir menos sola", decía una Valeria que, aún con miles de personas en el más pulcro silencio, en un Movistar Arena respetuoso y atento, pareció sentirse como en casa. Rodeada también de una banda que contó con percusión, viento, y hasta con los Mariachi Reyes de Madrid, que le acompañaron en "Debe ser" y en el cierre del espectáculo, en el que sacaron ritmos de cumbia con "Sentimentalmente". También subieron al escenario Tanxugueiras, conformando, definió Valeria, un "matriarcado" con "Hoxe", y que culminó con la invitación estrella de la noche: la palmera quiso recuperar sus inicios en la música, en los que se volcaba con las versiones, cantando "El universo sobre mí", con la misma Eva Amaral. Un dúo cargado de emoción, potencia y cariño.
No dejó de hacer de las suyas: sacó su ya característico pandero cuadrado, e interpretó "Devota" -quizá uno de los momentos de inflexión del concierto-, con sus manos golpeando y creando un ritmo sobre la guitarra colocada bocabajo sobre sus rodillas. Valeria aportó creatividad y sorpresa, quiso disfrutar y, si es cierto que formaba parte del público, lo consiguió. Un goce merecido: "hace unos meses tuve que coger una baja laboral porque no podía con todo", expresaba, "esta vida es una burbuja que se va llenando, y en algún momento explota". Pero ella no ha permitido el estallido: ha preferido desinflar para renovar el aire.
El público también suspiró, cantó -o susurró, para escuchar- "Globo", "Abril y mayo", "Sobra decirte" o "La raíz". Todas canciones que Valeria proyectó desde un alma aterciopelada y torrencial, quizá rota pero recompuesta a base de parches cosidos a mano, con calma, con tranquilidad. Así son sus conciertos, así es su música: artesana, cercana, creada y compartida con cariño y cuidado, y a pesar de todo.