Cómo eliminar el olor a comida y a frito en casa después de cocinar: fácil y eficaz
Hay olores que pasan como una visita rápida y otros que se instalan permanentemente. Al cocinar, el vapor arrastra partículas microscópicas de grasa y compuestos aromáticos que quedan suspendidos en el aire y se adhieren a superficies porosas: cortinas, sofás, cojines, manteles, incluso abrigos colgados cerca de la cocina.
La buena noticia es que no hace falta llenar la casa de ambientadores para ganarle la partida. Lo que funciona de verdad suele ser más simple: ventilar bien, neutralizar olores con ingredientes de la despensa y cortar el problema en el punto donde nace: la grasa.
Ventilar no siempre basta
Abrir una ventana ayuda, sí, pero muchas veces se queda corto porque el aire 'malo' no sale si no tiene por dónde escapar. El truco está en crear corriente: una ventana en la cocina y, si se puede, una puerta o ventana al otro lado de la casa durante unos minutos. Ese pequeño túnel de aire es más eficaz que dejar una sola ventana abierta toda la tarde.
Si tienes campana extractora, conviértela en tu aliada desde el minuto uno: enciéndela antes de empezar, manténla funcionando mientras cocinas y déjala unos minutos más al terminar.
Gran parte del olor a fritura llega cuando el aceite se calienta de más y empieza a humear. Ese punto no solo intensifica el aroma: también lo vuelve más persistente. Bajar un poco el fuego y freír con calma suele reducir muchísimo la 'nube' que se queda en el ambiente.
Un truco casero para neutralizar el olor
Cuando ya has cocinado y el olor está instalado, el objetivo no es taparlo con algo más fuerte, sino desplazarlo y neutralizarlo. Aquí entra un recurso clásico y efectivo: poner a hervir una olla pequeña de agua con ingredientes simples.
Una opción muy práctica es agua con un chorrito de vinagre blanco y cáscaras de naranja o limón. Mientras hierve, el vinagre se nota, pero la idea es que el vapor actúe como neutralizador y, al ventilar después unos minutos, el ambiente queda más limpio y menos grasiento.
Si prefieres una alternativa más aromática, sin vinagre, funciona muy bien el limón con una rama de canela: deja un olor cálido y agradable, ideal cuando el menú del día ha sido de pescado, cebolla o coliflor.
Un detalle que marca la diferencia: no hace falta tener la olla media hora. Con 10-15 minutos suele bastar; después apagas, abres ventanas y dejas que la casa respire.
Café y bicarbonato
Hay días en los que el olor no está muy concentrado, pero se queda en el ambiente durante un tiempo prolongado. Para esos casos, los absorbentes funcionan mejor que cualquier spray.
El café es un clásico por una razón: suaviza olores cerrados. Un cuenco con café cerca de la zona de cocina y, si el olor se ha ido al salón, otro en una estantería, suele ayudar en pocas horas.
Por otro lado, el bicarbonato va un paso más allá porque neutraliza sin aportar olor propio. Puedes dejar un cuenco con bicarbonato en un rincón o hacer una pequeña pasta (bicarbonato con unas gotas de agua) en un plato y colocarla donde notes que el olor se concentra. Déjalo actuar varias horas y retira.
El olor no está en el aire, está en la grasa
Si cada vez que fríes el olor dura días, suele haber un culpable claro: la grasa acumulada en la cocina. Aquí no hay atajos: una limpieza rápida justo después de cocinar evita que la grasa se convierta en un 'pegamento de olores'. Con agua caliente y unas gotas de lavavajillas, una pasada por encimera y zona de fogones ya cambia el panorama. Si lo haces en caliente (cuando todo está templado, no ardiendo), la grasa sale mejor.
Y luego está la campana: si el filtro está saturado, la campana pierde eficacia. Revisarlo y limpiarlo con regularidad es, probablemente, la medida más rentable de todas. La diferencia se nota de un día para otro.