La DGT moderniza sus radares para detectar conductas específicas: mucho cuidado con cometer este error
La Dirección General de Tráfico (DGT) ha activado un nuevo sistema de control automático que supone un cambio cualitativo en la vigilancia de las carreteras, esta tecnología, ya desplegada en accesos de alta densidad de tráfico de grandes ciudades, no se limita a medir la velocidad, sino que está específicamente diseñada para sancionar maniobras concretas y peligrosas que muchos conductores realizan a diario.
Estos dispositivos, que funcionan las 24 horas del día y en cualquier condición meteorológica, no son los cinemómetros tradicionales, se trata de sistemas de cámaras de alta definición que analizan con precisión la trayectoria de los vehículos en zonas muy concretas, como los carriles de aceleración y los accesos a autovías donde existe una línea continua que prohíbe la incorporación inmediata.
Su funcionamiento es sencillo y contundente: detecta un vehículo al entrar en el tramo de incorporación y verifica si se une al carril principal antes de que finalice la línea continua, si el conductor pisa esa línea para incorporarse antes de tiempo, la maniobra queda registrada como infracción, conllevando una sanción de 200 euros.
El objetivo: reducir una de las principales causas de accidente
La DGT justifica este nuevo enfoque citando la peligrosidad inherente a estas incorporaciones indebidas. Desde el organismo se considera que esta conducta, a menudo percibida como una falta menor, es en realidad una de las principales causas recurrentes de siniestros en España, ya que provoca frenazos bruscos, cambios de carril improvisados y colisiones laterales, con miles de accidentes con víctimas atribuidos a este tipo de maniobras mal ejecutadas cada año.
El Reglamento General de Circulación siempre ha prohibido expresamente cruzar una línea continua, y la nueva tecnología permite hacer cumplir esta norma de forma automática y objetiva.
El despliegue inicial de estos radares de vigilancia de trayectoria se ha concentrado en la Comunidad de Madrid, en autovías con accesos complejos y tráfico intenso como la A-1, A-2, A-42 y A-6.
Cabe destacar que la estrategia no persigue multiplicar el número de radares, sino utilizar la tecnología para vigilar de manera más eficiente los comportamientos que generan un riesgo real y demostrado para la seguridad vial.