Los "magos" de la manosfera: así operan los foros que alimentan la epidemia de las noticias falsas en redes sociales
En los rincones más opacos de internet prospera una red de foros donde un pequeño grupo de usuarios, autodenominados “magos”, diseña, prueba y distribuye contenidos falsos destinados a viralizarse en la manosfera, el ecosistema digital que agrupa a comunidades masculinas radicalizadas.
Estos espacios funcionan como auténticos laboratorios de manipulación, donde se fabrican narrativas engañosas que luego se expanden por redes sociales con apariencia de espontaneidad.
Los magos actúan como una élite interna: usuarios con conocimientos avanzados en edición, análisis de tendencias y técnicas de amplificación algorítmica. Son ellos quienes deciden qué historias impulsar, qué figuras públicas atacar y qué emociones activar. El resto de la comunidad, miles de perfiles anónimos, se convierte en la fuerza de difusión que multiplica el impacto de cada campaña.
Los arquitectos ocultos de la desinformación digital operan desde comunidades masculinas radicalizadas que actúan como laboratorios de manipulación
El proceso comienza con la detección de un tema sensible: feminismo, inmigración, salud mental, violencia o cualquier asunto capaz de polarizar. A partir de ahí, se construye una narrativa falsa o exagerada, mezclando datos reales con afirmaciones inventadas para aumentar su credibilidad.
Una vez lista, la campaña se lanza en plataformas como X, TikTok o Telegram, donde la velocidad de difusión supera cualquier capacidad de verificación inmediata.
Expertos en radicalización digital advierten que estos foros no solo refuerzan discursos misóginos y conspirativos, sino que también funcionan como centros de producción de contenido diseñado para manipular a audiencias externas. “No buscan solo convencer a sus miembros, buscan moldear la conversación pública desde las sombras”, explica un analista consultado.
La manosfera, que en sus inicios se presentaba como un espacio de “mejora personal masculina”, ha evolucionado hacia un entorno donde proliferan teorías conspirativas, discursos de odio y campañas coordinadas de desinformación. Los magos son la cúspide de esa pirámide: estrategas que se ven a sí mismos como capaces de “hackear” el debate social.
Las plataformas tecnológicas reconocen el problema, pero admiten que detectar estas campañas es cada vez más difícil. La desinformación ya no se limita a bulos aislados, sino a ecosistemas enteros que operan con una lógica casi profesional. Y mientras los algoritmos sigan premiando el contenido emocional y polarizante, los magos de la manosfera seguirán encontrando terreno fértil para expandir su influencia.