Donald Trump planea ofrecer sobornos de hasta seis cifras para que los habitantes de Groenlandia acepten la anexión de la isla
La Casa Blanca estudia un plan tan polémico como inédito: enviar pagos directos a los habitantes de Groenlandia, con cantidades que oscilarían entre 10.000 y 100.000 dólares por persona, para intentar que la población acepte una eventual anexión del territorio por parte de Estados Unidos. Así lo han confirmado a Reuters varias fuentes conocedoras de las conversaciones internas.
La propuesta forma parte del renovado interés del presidente Donald Trump por hacerse con la mayor isla del planeta, un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca con una población de apenas 56.000 habitantes. En el escenario más ambicioso, el coste total del plan podría superar los 5.600 millones de dólares.
A día de hoy, no está claro cómo se articularían legalmente esos pagos ni si un mecanismo de compensación directa a los ciudadanos podría considerarse una vía válida para adquirir un territorio soberano. Pero la idea revela hasta qué punto la Administración estadounidense busca fórmulas alternativas después de que Dinamarca haya reiterado, una y otra vez, que Groenlandia “no está en venta”.
El rechazo ha sido rotundo tanto en Copenhague como en Nuuk. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, zanjó el debate este domingo con un mensaje contundente: “Basta ya. No más fantasías de anexión”. Las encuestas respaldan esa postura: un sondeo de 2025 mostraba que el 85% de los groenlandeses se oponen a convertirse en parte de Estados Unidos.
Trump reactiva su ambición sobre la mayor isla del mundo con un plan de incentivos económicos que desafía la diplomacia tradicional
Pese a ello, Trump insiste en que la isla es clave para la seguridad nacional, especialmente por su posición estratégica en el Ártico y su valor en la competencia geopolítica con Rusia y China. “La necesitamos desde el punto de vista de la seguridad”, afirmó a periodistas a bordo del Air Force One.
El plan de los pagos directos es solo una de las opciones que baraja la Casa Blanca. Otras, según fuentes consultadas, incluyen desde nuevas negociaciones diplomáticas hasta escenarios más agresivos que han generado preocupación entre aliados europeos. El vicepresidente JD Vance, que visitó Groenlandia en 2025, ha advertido de que Estados Unidos “no puede ignorar” la creciente presencia de potencias rivales en la región.
La idea de comprar Groenlandia no es nueva en la política estadounidense. Desde el siglo XIX, distintos gobiernos han intentado adquirirla o intercambiar territorios, sin éxito. Pero la propuesta actual, basada en incentivos económicos directos a la población, abre un debate sobre los límites éticos y diplomáticos de la política exterior estadounidense.
Por ahora, ni Dinamarca ni Groenlandia muestran la menor intención de ceder. Y todo apunta a que, incluso con cheques de seis cifras, la anexión sigue siendo un sueño imposible para Washington.