La vista fija en el futuro
Crear siempre supone un reto. Hay algo romántico en la creación, en el moldeo, en la construcción de algo. Es un momento definitivo de gestación en el que se concretan sueños y anhelos.
Así sucedió el 9 de enero de 2010, con la escisión de la antigua provincia La Habana en dos nuevos territorios: Artemisa y Mayabeque. Dada su hasta entonces historia común, sus lazos irrompibles y su idiosincrasia, esa división fue, en aquellos primeros momentos, pudiera decirse que traumática.
Con costas al norte y al sur, bendecida por fértiles tierras, ambas provincias nacieron con el privilegio de aportar al desarrollo del país y ser territorios más funcionales.
Algo había dejado de existir para que nacieran, como si de un proceso de mitosis sentimental se tratase. Aquel rico acervo, construido desde 1976, con la nueva división político-administrativa establecida por la Carta Magna aprobada ese mismo año, se consolidó durante 34 años e instantes después, por acuerdo de la Asamblea Nacional del Poder Popular, aquella Habana de 19 municipios se constituía en los dos territorios ya mencionados.
Por supuesto que esa división tuvo sus detractores. Algunos de ellos mantienen hasta hoy sus criterios contrarios a la idea. La resistencia al cambio es un factor inherente al ser humano y, como tal, se manifestó en aquella obra.
Lo más complejo, quizá, aunque hayan primado otras particularidades, fue la construcción de la identidad. Los rasgos más acendrados en el carácter de los ciudadanos eran los del habanero, que ahora, sin eliminar ninguno de ellos, debían adaptarlos a su nueva realidad, igual de seductora y sublime.
La cultura como símbolo
Consolidar el sentimiento mayabequense es, aún hoy, una tarea inconclusa, una empresa que sigue requiriendo del esfuerzo y la unión de todos los actores que, desde la producción simbólica del conocimiento y la transformación del entorno, producen aquel conglomerado de tradiciones, artes, conductas y costumbres. Muy someramente pueden resumirse en un vocablo sonoro y definitivo: cultura.
Reconocida es también la variedad de manifestaciones y eventos culturales que distinguen a estos terruños, muchos de ellos con trascendencia incluso internacional: como la ya consolidada Bienal de Humorismo Gráfico, a la que se han sumado otros espacios como el Festival Danzapuentes, en el caso particular de Artemisa.
Al símbolo cultural que desprenden hoy Artemisa y Mayabeque hay que sumarle otros hitos que marcaron un antes y un después para el país. Recordemos el reto que significó establecer nuevas estructuras, por primera vez en Cuba, desde los puntos de vista políticos y administrativos.
Fueron pioneras en el experimento para perfeccionar el funcionamiento de los órganos del Poder Popular, con la descentralización de funciones entre la Asamblea y la Administración, que luego se generalizaron al resto del país.
Asimismo, desde lo empresarial, debieron perfeccionar el sistema de sus industrias y sus actividades económicas, concentradas, fundamentalmente, en el ámbito de la agricultura.
Mucho se ha obrado en estos 15 años. El propósito inamovible de ir hacia adelante no siempre se ha logrado. Ha habido vueltas en redondo y regresiones, ha habido incapacidad y errores, pero eso es propio de toda acción humana.
Y las gestiones y los movimientos, antes que políticos o gubernamentales, si son de verdad, son genuinamente humanos. He ahí, tal vez, el mayor desafío para quienes hoy, desde cualquier frente, conducen los destinos de esta porción generosa de suelos fértiles.
Perfeccionar la labor en beneficio de la población y tener al soberano como centro y premisa de cualquier medida son elementos que deben afianzarse de cara al futuro. La construcción colectiva de este proyecto popular es la más sagrada e impostergable de las tareas que tenemos que asumir.
Sin embargo, al mismo tiempo, estos territorios poco a poco se han convertido en provincias más funcionales, y ya sus habitantes dependen cada vez menos de trámites y servicios a los que antes debían acceder desde la capital de todos los cubanos.
En suelo artemiseño, por ejemplo, se han establecido los principales servicios hospitalarios para sus habitantes, con un pediátrico en Guanajay y tres hospitales generales distribuidos en San Antonio de los Baños, la ciudad cabecera y San Cristóbal, con servicios de referencia como el de Hemodiálisis en el Comandante Pinares, que exhibe resultados alentadores en tan sensible programa.
La Zona Especial de Desarrollo, ubicada en Mariel, despega como un importante enclave económico que se ha ampliado con empresas cubanas y extranjeras. A la par de generar empleos, productos y servicios, esta zona ha sido el eje central de un despliegue de infraestructura vial, que ha permitido también nuevas vías de acceso, incluso ferroviario, a la capital cubana.
En defensa de la alegría
Tanto en la loma como en el llano, Artemisa y Mayabeque viven rodeadas de tierras fértiles, con hombres y mujeres que bien saben sacar de ella lo mejor y sortear carencias para poner la comida en la mesa de buena parte de los cubanos.
Hay mucho talento y deseo de guapear, como en el resto de esta Isla, en las dos provincias hermanas. Las dificultades siguen a flor de piel, pero desde la cultura, el deporte, la salud y tantos otros sectores llega el esfuerzo decisivo para afrontar también carencias, problemas materiales y otros asociados, incluso, a nuestros propios errores, pero donde se va gestando un sentimiento de identidad que nos agrupa a todos bajo un mismo gentilicio: el de cubanos.
Quince años resumen toda una etapa de transformaciones que no pueden verse como inacabadas. Por eso, más que celebrar lo logrado, hay que mirar hacia todo aquello que queda por hacer, que no es poco.
Más allá de los retos y de los obstáculos externos, tan presentes y tan dañinos, lo que toca es guiar el timón hacia adelante. Poner proa al futuro y conquistar las utopías. Acompasar el ritmo de la vida al latir palpitante de la realidad del ciudadano y lograr que las gestiones políticas y administrativas sean intachables; pero, sobre todo, que se reviertan sin demora en el bienestar popular.
Que estos 15 años de Mayabeque y Artemisa sean solo el pretexto para hacer más, para crear más, para pensar más y mejor, y que las acciones sean lo más exitosas posibles desde que se emprendan.
Ojalá, dentro de dos o tres años, cinco a lo sumo, cuando celebremos los 20 años de Mayabeque y Artemisa, las condiciones de vida de nuestra gente hayan cambiado tanto que podamos obviar estos apuntes, con tono de diatriba, pero con la fuerza insondable y el aliento de un pueblo que continúa creando y defendiendo la alegría, a contrapelo de tantas grisuras y borrascas.
En Mayabeque radica una institución de alta relevancia para el país, la Universidad Agraria de La Habana Fructuoso Rodríguez Pérez. Foto: Vladimir Molina