Bajo las faldas del edificio Los Cubos, que ejerce de vigía brutalista del distrito de Ciudad Lineal , se abre un estrecho camino de tierra apisonada. Se levantan a su derecha refugios improvisados entre cuatro palés mal encajados: cubiertos por una lona de plástico azul rígido, sujetos con cuerdas deshilachadas y reforzados con sábanas grisáceas, amarillentas algunas por el uso y la intemperie. Se llegan a contar hasta seis estructuras. Hacia el otro lado, la escena se densifica con una acumulación de basura que parece haberse sedimentado durante meses: colchones vencidos, con la espuma asomando por los desgarros; zapatillas huérfanas; montones de ropa ennegrecida por la lluvia; restos de comida en envases de poliestireno; botellas de vidrio; bisutería oxidada, mantas raídas y algún que otro carrito de supermercado. Son los nuevos ocupantes de esta franja «olvidada» junto al puente de la avenida de la Paz, el paso elevado que conecta la zona del tanatorio con el parque de las Avenidas. Según la presidenta de la asociación vecinal de San Pascual, barrio Blanco y la Alegría, Nuria Serrano, se han ido concentrando a raíz de las obras del Parque Ventas, el primer techo verde de la M-30 –16.370 metros cuadrados– que conectará los distritos de Salamanca y Ciudad Lineal, cubriendo la circunvalación a la altura de la Quinta de Fuente del Berro: «Entendemos que era gente que se encontraba en la otra zona del parque y que se ha trasladado aquí». Hace unos meses, este mismo diario conversó con algunas de las personas que llevaban residiendo desde hace años a un costado de esta gran vía de circunvalación, a la altura del puente de Ventas, en la ladera situada tras las barreras de sonido que separan el parque de Antonio Pirala del asfalto. Entonces se mostraban preocupados por lo que les depararía su futuro. Eduardo, uno de los vecinos que transita por el puente al mediodía, afirma que llevan instalados en este margen de la M-30 aproximadamente desde este verano. Y cabe recordar que las obras comenzaron el pasado 23 de junio. El joven, que trabaja en uno de los edificios cercanos a estas laderas y vive en la zona del parque de las Avenidas desde hace dos años, asegura a este periódico que desde hace unos meses se vienen registrando quejas sobre la presencia de personas en esta área. Durante el verano, explica, los vecinos alertaron sobre «situaciones extrañas» en este espacio visible. Según relata, ya han presentado varias reclamaciones al ayuntamiento, porque «no deja de ser inseguro para el barrio». Incluso sugiere que podría tratarse de un punto de venta de droga, ya que, dice, él mismo he visto «entrar a gente muy bien vestida que salía a los pocos minutos». «Te hablo de personas en camisa y pantalones chinos. Es evidente que algo raro pasa ahí; hay algo más que gente viviendo, lo pensamos todos en el barrio», apunta. Eduardo añade que sus compañeros de trabajo ya evitan el atajo que conecta el puente con sus puestos: «Yo mismo vi cómo un hombre, sin camiseta y armado con un machete, salía de una de las chabolas». Por su parte, Nuria Serrano, presidenta de la asociación vecinal, asegura que se trata de personas que no interactúan con los vecinos, y que hasta ahora no han generado molestias directas. Sin embargo, reconoce que «no es agradable verlos» y que su presencia contribuye a la percepción de inseguridad en la zona. Desde el Ayuntamiento de Madrid informan que hay una actuación programada próximamente en la zona, en la que participarán la Policía Municipal, el SAMUR-Social y SELUR. Según explican, con carácter general, «los Equipos de Calle municipales ofrecen intervención social a las personas que se encuentran en el asentamiento previa a esa actuación». No obstante, señalan que tal como establece la Ley de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid, «esta atención social y el acceso a los recursos municipales debe ser aceptada de manera voluntaria por las personas que habitan el asentamiento». Muchos de los vecinos del barrio consultados señalan que los asentamientos constituyen una problemática social de gran complejidad, estrechamente vinculado a la grave situación que atraviesa Madrid en materia de vivienda. Una de ellas aclara que su preocupación principal no es el asentamiento situado junto al tanatorio, «aunque no deja de ser desagradable por la basura acumulada», sino la suciedad y la falta de mantenimiento del parque de la mezquita. Insiste en que el foco del problema está en la ausencia de limpieza y actuaciones continuadas por parte de los servicios municipales. Ya el verano pasado, este periódico se hizo eco de esta situación de falta de higiene en el parque Salvador de Madariaga . Entonces se comprobó que había todo un mercadillo –zapatillas, prendas de ropa, bolsos, maletas– desparramado por la mencionada zona ajardinada, a la altura también de la pasarela peatonal. Y no parece haber cambiado. Tanto los vecinos a pie de calle como la asociación vecinal denuncian la acumulación de objetos procedentes de lo que algunas personas recogen de los contenedores de la zona. El problema, insisten, no es que esta actividad se realice, sino que después no se recoja nada, «lo que genera un grave problema para el barrio». Así, muchos de estos viandantes afirman que el parque es impracticable: «No se puede estar ni transitar por él». «El mercadillo en sí –organizado los viernes por, en su mayoría, magrebíes– no resulta especialmente molesto, siempre que posteriormente actúe el servicio de limpieza. No obstante, aunque esta actividad no es legal, tampoco está expresamente prohibida, lo que provoca una progresiva degradación del parque que acaba generando molestias a los vecinos. La pasarela fue en su día motivo de alegría, pero actualmente se encuentra en un estado lamentable, con abundante suciedad», indica Serrano. Además, los afectados señalan la existencia de un cantón de limpieza en una de las esquinas del campo de fútbol de San Pascual, frente al centro islámico, en la intersección de las calles Esteban Mora y Salvador de Madariaga, con el propósito de ofrecer servicio al Lote 2 de los servicios de limpieza, el correspondiente a los distritos de Arganzuela, Retiro, Salamanca y Chamartín: «Es decir, que ni siquiera va a prestar servicio a nuestro barrio». Con esto, denuncian una clara desigualdad territorial, destacando el fuerte contraste entre barrios: al cruzar el puente hacia Salamanca, la diferencia es evidente en el estado de las calles y los parques. Según Serrano, desde la asociación –que también ha solicitado la instalación de aseos públicos y una mejora de la iluminación en las canchas de Salvador Madariaga– llevan años trasladando quejas al ayuntamiento, que siempre ha alegado limitaciones presupuestarias, lo que ha impedido que se adopten medidas por parte del consistorio.