El truco infalible para que no se te vuelvan a empañar los cristales del coche
Cada invierno ocurre lo mismo: entras en el coche, arrancas y, en cuestión de segundos, los cristales se cubren de vaho. En la mayoría de casos, el empañamiento tiene una causa muy concreta: demasiada humedad acumulada en el habitáculo. Y ahí es donde está el truco que realmente funciona: dejar de alimentar esa humedad.
El vaho aparece cuando el aire interior, más templado y húmedo, choca contra un cristal frío. Ese vapor de agua se convierte en microgotas y crea la película que reduce la visibilidad. Por eso, aunque subas la temperatura, si el aire sigue cargado de humedad, el problema vuelve una y otra vez.
Lo curioso es que esa humedad no siempre viene de la lluvia o de la niebla exterior. Muchas veces la llevamos nosotros: en la ropa, en el calzado mojado y también en objetos que se quedan dentro del coche sin que les demos importancia.
El gesto que cambia todo
Aquí está la clave que suele marcar la diferencia de un día para otro: no dejes dentro nada que pueda evaporar agua mientras el coche está aparcado. Un vaso de café a medio terminar, una botella abierta, un paraguas chorreando en el asiento trasero, un abrigo mojado, una bolsa con ropa de deporte... Son cosas cotidianas que, con el coche cerrado, van liberando humedad lentamente. Esa humedad queda atrapada durante horas y, al día siguiente, cuando el cristal amanece frío, se convierte en vaho.
Cuando el vaho es una pista de un problema mayor
Si el coche se empaña a diario y de forma exagerada, incluso cuando no has dejado nada húmedo dentro, conviene sospechar de algo más que condensación normal. Alfombrillas empapadas que no llegan a secarse, moquetas húmedas, filtraciones por juntas, agua acumulada en el maletero o un filtro de habitáculo saturado pueden mantener el interior en un estado de humedad constante.
En esos casos, por mucho que uses calefacción, el vaho seguirá volviendo hasta que se elimine la fuente.