La fórmula Agatha Christie
La renovación del interés por Agatha Christie era predecible. Su popularidad nunca se ha apagado y sus obras son continuamente reeditadas y convertidas en películas de éxito. Sin embargo, la creadora de la novela problema ha permanecido en los estantes de las librerías y quioscos desde 1920, año de la edición en EE UU de «El misterioso caso de Styles». Agotada la moda de los thriller psicológicos, los asesinos en serie, la novela negra mediterránea con recetas de cocina y la nórdica, era inevitable que numerosos autores volvieran al género que le dio fama a la escritora de Torquay: esa perfecta combinación de «cozy mystery» y novela familiar de detectives. Eso sí, aderezada con numerosos cadáveres, un gran número de sospechosos y un detective, Hércules Poirot, o una chismosa, Miss Marple, ambos dotados con un inteligencia prodigiosa y una intuición sorprendente para resolver una trama policiaca endiablada y descubrir al asesino.
El homenaje de estos bisnietos de Agatha Christie se veía venir este siglo con volúmenes que reivindicaban un estilo más relajado del relato, una vuelta del sentido del humor, personajes cotidianos, tramas sencillas y espacios cerrados donde ocurre un asesinato y todos parecen culpables. En el cine, la saga «Puñales por la espalda» (2019), interpretada por Daniel Craig e inspirada en la novela favorita de la autora, «La casa torcida» (1949), es el tipo de gran homenaje posmoderno a la novelista creadora de Hércules Poirot. Sigue esta misma línea los jubilados que juegan a detectives en la serie interpretada por dos ilustres ancianitos y glorias de la mejor comedia de los años 80, «Solo asesinatos en el edificio» (2021), que han devuelto a la vida artística a Steve Martin y Martin Short. Dos viejales que investigan asesinatos en su finca art déco.
Un ámbito cerrado con un círculo fijo de personajes configuran el espacio por donde Poirot se mueve a sus anchas como invitado en un «cottage» o en una gran mansión de campo de unos aristócratas arruinados. Historias siempre ambientadas en un pueblecito inglés en donde los personajes son reconocibles: el vicario, las solteronas, el policía, el médico y el juez. Un mundo amable donde todos chismorrean, lo típico del «cozy mystery», que finaliza con la famosa reunión en la biblioteca de los sospechosos, en donde Poirot revela quién es el asesino gracias a sus superferolíticas «células grises». Si su modelo, Sherlock Holmes, tiene un cerebro privilegiado, Poirot posee células grises: «Se dio unos golpecitos en la frente. Son estas pequeñas células grises las que tienen que hacer el trabajo», exclama Poirot. Y estas quedaron fijadas como rasgo distintivo de su portentosa intuición. Hércules Poirot y esa reunión en la biblioteca son un clásico en las novelas de misterio iniciada en su primera obra: «El misterioso caso de Styles» (1920). En ella aparecen todos los elementos que renovarán la novela problema, que durante seis décadas y 33 libros harán de Christie la gran dama del crimen. El clásico «Testigo de cargo» (1933), llevada al cine magistralmente por Billy Wilder y con Charles Laughton, fue el primer caso de Poirot. Y «Diez negritos» (1939) es una soberbia novela de suspense en la que se engaña deliberadamente al lector, como en «El asesinato de Roger Ackroyd» (1926). Y luego están las preferidas de la autora, «La casa torcida» y «Asesinato en el Nilo» (1934), geografía que conocía bien por sus viajes junto a su marido arqueólogo a Egipto.
También Miss Marple
Y, sí, numerosas novelas actuales anunciaban el regreso de la genial Agatha Christie, ahora respetada, si no intelectualmente, por ser en exceso popular y un best seller, sí reconocida por su imaginación desbordada para crear multitud de tramas y su magisterio narrativo. De hecho, ha pasado la prueba del tiempo con una popularidad sorprendente y sobrevivido a su generación en la creación, consolidación y destreza de la novela problema. Pero ha sido el redescubrimiento de la señorita Marple la que se ha llevado la palma en la serie de libros actuales de jubilados, iniciada por Richard Osman con «El club del crimen de los jueves», homenaje a uno de los primeros cuentos de la señorita Marple, «El club de los martes» (1927). El libro de Osman ha sido también adaptado al cine protagonizado por otro James Bond ya más mayor, Pierce Brosnan, tan atractivo en su senectud como Daniel Graig, acompañado de la jubilada Helen Mirren.
Para crear a la señorita Marple, Agatha Christie partió de Caroline, la hermana del doctor Sheppard en «El asesinato de Roger Ackroyd». En su biografía escribe de ella que es «una solterona un tanto mordaz, curiosa, que todo lo sabe, que todo lo oye: el servicio completo de investigación en el hogar». Pensó en su abuela Ealing, pero Miss Marple «no es una persona cariñosa, siempre espera lo peor de todos y de todo, y siempre demuestra que tiene razón».
Se afianzaba así el resurgimiento de las novelas amables de Agatha Christie como una de las tendencias de moda. En ellas se ensalza el éxito de los detectives aficionados, hay un crimen familiar y ciertas dosis de humor o de distancia crítica como hace la émula de la señorita Marple, rediviva en la saga de Agatha Raisin, de M. C. Beaton. La autora escocesa le ha añadido a la peripecia de esta detective aficionada madurita un toque de impertinencia, acción y algo de sexo suave para sus aventuras policíacas. En esta línea, cabe destacar las novelas en las que el detective es la reina Isabel I, que resuelve crímenes que acaecen en el castillo de Windsor y Buckingham Palace en la saga de S. J. Bennett «Su Majestad, la reina investigadora». Y, ahora, Netflix estrena la miniserie sobre la novela de Agatha Christie «Las siete esferas». Mia McKenna-Bruce interpreta a Lady Eileen «Bundle» Brent, una joven que toma la iniciativa de investigar la muerte de un compañero y se encuentra metida en una misteriosa secta y en una inesperada conspiración. Lo que era sólo presagio se ha convertido en una tendencia dominante que ha arrinconado la novela negra gracias a los numerosos autores que tienen a Agatha Christie como inspiración. Pero lo más alucinante es la capacidad que tuvo la autora para dejar novelas que se llevasen al cine y la televisión continuamente, como «Asesinato en el Orient Express» (2017) y «Cacería en Venecia» (2023), dirigidas por Kenneth Branagh con ese estilo ampuloso que tiene de un Shakespeare posmoderno.
En cuanto a las numerosas miniseries producidas estos años, todas ellas van encabezadas por el nombre de la novelista seguido de la novela adaptada: «Agatha Christie: Diez negritos» (2015), «Agatha Christie: Inocencia trágica» (2018), «Agatha Christie: ¿Por qué no le preguntan a Evans?» (2022), «Agatha Christie: Matar es fácil» (2023) y «Agatha Christie: Hacia cero» (2025), porque ella sigue siendo la estrella. A finales de los años 80 se estrenó la ficción «Agatha Christie’s Poirot» (1989-2013), protagonizada por el inmortal detective belga, que sigue activa en las televisiones de todo el mundo. Más recientemente aparecía la interesante «telemovie» «Agatha y la verdad del asesinato» (2018), que trata de la misteriosa desaparición durante once días de Christie en 1926. Las causas parecen ser la depresión por la muerte de su madre y una violenta discusión con su esposo. Finalmente la encontraron en un hotel de Harrogate, registrada como «Teresa Neele», el apellido de la amante de su marido, motivo de su disputa matrimonial.
Padecía una amnesia traumática y no recordaba qué le había sucedido. La Prensa especuló con numerosas hipótesis, incluida la treta para promocionar «El asesinato de Roger Ackroyd», que cambió la concepción de la novela de detectives moderna al romper el «fair play» con el lector, que debía poner a su disposición todas las pistas que le permitían resolver el crimen. Desde entonces, Agatha Christie fue subvirtiendo todas las reglas de la novela policiaca convencional, cuyos máximos autores, famosísimos entonces, apenas hoy son recordados, ni los de sus detectives: S.S. Van Dine fue el creador de Philo Vance, Ellery Queen de Ellery Queen y Ellery Stanley Gardner del televisivo Perry Mason. Apenas sorprende, pues, que las novelas de Christie sigan reeditándose desde 1920 y vendiéndose billones de ejemplares anuales en el mundo. En España fue un fenómeno editorial desde sus inicios hasta su muerte en 1976, editadas con distintas portadas en la «Biblioteca Oro», y en la actualidad por Espasa. Su capacidad para idear tramas complejas y personajes memorables era proverbial, como Hércules Poirot, convertido en un icono de la cultura popular.
Y ya nada volvió a ser lo mismo en la literatura de misterio
Este año se cumple un siglo de la publicación de «El asesinato de Roger Ackroyd» (1926), en la que Agatha Christie subvertía por primera vez una de las reglas esenciales del «detection club»: «Todas las pistas deben estar disponibles para el lector». Como la autora utilizaba una treta de narrar la novela en primera persona, resultaba imposible descubrir al asesino. En un reciente artículo sobre la mencionada «El asesinato de Roger Ackroyd», el periodista Adrian Mckinty escribía: «Cien años después, la novela perdura no solo como una de las obras más famosas de Christie, sino como una brecha cultural que reconfiguraba la forma que los lectores entendían la verdad, la narración y el juego limpio en la historia». Su conclusión es que la sinceridad en una ficción no es lo mismo que la transparencia. Desde entonces, nada volvió a ser lo mismo en la literatura de misterio. La conjunción de una trama novedosa, la controversia que generó la novela y la figura de Hércules Poirot consagraron a la autora como el mayor referente de la novela problema. De su detective dijo que era una réplica de Sherlock Holmes. Tan excéntrico como el escocés, de escasa estatura pero con un porte digno. La cabeza ahuevada, bigote engominado, maniático y pulcro hasta la exasperación. Así ha pasado a la historia literaria, como un fascinante ente de ficción.