¿Por qué es tan importante Groenlandia para Estados Unidos y por qué Trump está dispuesto a adquirirla?
Groenlandia rara vez ocupa titulares globales, pero su nombre ha reaparecido con fuerza a partir de que las tensiones estratégicas hayan aumentado en el Ártico. En los últimos años, y de forma especialmente insistente durante la presidencia de Donald Trump, el territorio ha pasado de ser percibido como una región remota a convertirse en un punto clave de la política exterior estadounidense. Este interés no es nuevo, pero sí más explícito y controvertido que en el pasado, hasta el punto de generar fricciones diplomáticas con aliados históricos de Estados Unidos.
Groenlandia es la isla más grande del mundo, con más de dos millones de kilómetros cuadrados, aunque solo cuenta con unos 56.000 habitantes. La gran mayoría de su población es inuit y vive concentrada en la costa occidental, ya que cerca del 80 % del territorio está cubierto de hielo. Antiguamente colonia danesa, pasó a integrarse formalmente en el Reino de Dinamarca en 1953.
Desde 1979 goza de autonomía, ampliada en 2009 con un régimen de autogobierno que le otorga amplias competencias internas. Sin embargo, cuestiones clave como la defensa, la política exterior y la seguridad siguen dependiendo de Dinamarca. Este marco jurídico es fundamental para entender por qué cualquier intento de control externo genera una fuerte reacción política y social.
¿Por qué Groenlandia es tan importante para Estados Unidos?
La importancia de Groenlandia para Estados Unidos se explica, en primer lugar, por su ubicación. La isla se encuentra entre América del Norte y Europa y domina la llamada brecha GIUK (Groenlandia–Islandia–Reino Unido), un corredor marítimo y aéreo crucial para el control del Atlántico Norte. Durante la Guerra Fría, esta zona ya era prioritaria para la OTAN frente a la Unión Soviética, y hoy vuelve a adquirir relevancia ante el aumento de la actividad militar rusa y china en el Ártico.
Estados Unidos mantiene desde hace décadas presencia militar en Groenlandia, especialmente en la base aérea de Pituffik (antigua Thule), utilizada para sistemas de alerta temprana y defensa antimisiles. Desde la perspectiva de Washington, el control y la estabilidad de la isla son esenciales para la seguridad del continente norteamericano.
Más allá de la dimensión militar, Groenlandia es relevante por su potencial económico. El subsuelo alberga reservas de petróleo, gas y, sobre todo, minerales estratégicos como las tierras raras, fundamentales para la industria tecnológica, la transición energética y el sector de defensa. China domina gran parte del mercado mundial de estos minerales, por lo que Estados Unidos busca diversificar suministros y reducir dependencias.
El deshielo progresivo del Ártico, consecuencia del cambio climático, también influye en este interés. A medida que el hielo retrocede, la explotación de recursos y la apertura de nuevas rutas marítimas se vuelven más viables, reforzando el valor estratégico de la región, aunque con importantes costes ambientales y geopolíticos.
Donald Trump planteó por primera vez públicamente la posibilidad de adquirir Groenlandia durante su primer mandato. Desde entonces, ha insistido en que Estados Unidos “necesita” la isla por razones de seguridad nacional y económica. Aunque en ocasiones ha minimizado el papel de los recursos naturales, varios miembros de su entorno han señalado abiertamente que los minerales críticos son un factor central.
Estas declaraciones han sido interpretadas por Dinamarca y por muchos socios europeos como una amenaza al orden internacional basado en la soberanía y el respeto a las fronteras. Tras la captura de Nicolás Maduro para poder controlar Venezuela, la Administración del presidente norteamericano aseguró que el uso de la fuerza “siempre es una opción”. La negativa de Trump a descartar el uso de la fuerza ha incrementado la preocupación, especialmente tras otras actuaciones exteriores de su administración.
Impacto en la OTAN y reacción europea
La posibilidad, incluso teórica, de una anexión forzada de Groenlandia por parte de Estados Unidos plantea un desafío sin precedentes para la OTAN, ya que implicaría un conflicto entre aliados. Líderes europeos han reiterado su apoyo a Dinamarca y han subrayado que la seguridad del Ártico debe abordarse de forma colectiva y conforme al derecho internacional.
Desde Groenlandia, la mayoría de la población rechaza convertirse en parte de Estados Unidos, aunque existe un debate interno sobre una eventual independencia de Dinamarca. Para muchos groenlandeses, el tono de las declaraciones estadounidenses revive temores históricos ligados al colonialismo y a la pérdida de control sobre su propio territorio.