La pulsera de 175 años que Mary de Dinamarca rescata para la recepción más solemne del año
Las recepciones de Año Nuevo son uno de los momentos más simbólicos del calendario de la Casa Real danesa. Una tradición que se extiende durante varios días y que reúne a representantes de distintos sectores del país en un marco solemne, cargado de protocolo y significado institucional. Y en la última de estas recepciones, celebrada en Christiansborg, Mary de Dinamarcavolvió a demostrar que, en la realeza, las joyas también hablan.
La Reina eligió un estilismo pensado al milímetro: blanco y dorado como paleta principal, un vestido de gala invernal ya conocido y, como pieza clave, una pulsera histórica del joyero real que acaparó todo el protagonismo.
Un escenario excepcional: nieve, carruaje y tradición
La jornada estuvo marcada por un contexto poco habitual incluso para Dinamarca. Las calles de Copenhague amanecieron completamente cubiertas de nieve, reforzando el carácter casi ceremonial del acto. A diferencia de otras recepciones celebradas en Amalienborg, esta tuvo lugar en Christiansborg, sede de importantes instituciones del Estado.
Hasta allí se dirigieron los Reyes en carruaje, escoltados por el Escuadrón de Caballería del Regimiento de Húsares de la Guardia. Un detalle nada menor: el carruaje utilizado fue construido para el rey Christian VIII y está recubierto de pan de oro, un elemento que dialogaba visualmente con el look elegido por la Reina.
Un estilismo ‘reina de las nieves’ con mensaje
Mary apostó por un vestido blanco con brocado dorado, de manga larga y cuello camisero, una elección que combinaba elegancia, abrigo y coherencia con el entorno invernal. La pieza no era un estreno: la Reina ya la había lucido hace un año y medio en Groenlandia, uno de los territorios con temperaturas más extremas del Reino.
El look se completaba con guantes blancos, clutch metalizado, stilettos dorados y un abrigo blanco rescatado de su fondo de armario, reforzando esa línea de sostenibilidad y reutilización que define el estilo de muchas reinas europeas en los últimos años.
Pero, entre todos los elementos del conjunto, hubo uno que destacó por encima del resto.
La pulsera histórica: el verdadero centro del look
En su muñeca derecha, Mary lucía una pulsera excepcional, una pieza con 175 años de antigüedad que forma parte del fondo histórico de la Casa Real danesa. No es una joya personal ni una adquisición reciente: pertenece al Danish Royal Property Trust, el fideicomiso creado para preservar los objetos más valiosos de la Corona.
Se trata de una pulsera ancha de oro, estructurada en ocho secciones cuadradas, cada una presidida por una perla central rodeada de 16 pequeños diamantes. Las secciones se separan entre sí mediante cinco o seis pequeñas perlas, sumando un total de 50 perlas y 128 diamantes.
Una joya de valor incalculable que solo se saca del joyero real en contadas ocasiones, especialmente aquellas de mayor relevancia institucional.
Una joya con origen sentimental y dinástico
El brazalete fue regalado por el rey Christian VIII a su prometida con motivo de su compromiso, lo que añade una capa emocional y simbólica a la pieza. Desde entonces, se conserva como parte del patrimonio de la Corona y se transmite como joya de Estado, no como objeto privado.
Este origen explica por qué la pulsera no se luce con frecuencia y por qué cada aparición se interpreta como un gesto cargado de significado: continuidad, compromiso y respeto por la historia de la monarquía.
Cuando la joyería refuerza el mensaje institucional
En una recepción marcada por la tradición, el protocolo y la solemnidad, Mary de Dinamarca optó por una joya que no busca brillar por moda, sino por historia. La pulsera dialogaba con el dorado del vestido, con el carruaje y con el propio sentido del acto.
Una elección que confirma que la Reina domina a la perfección el lenguaje silencioso de la realeza: usar el joyero como herramienta de relato.
Una pieza que resume pasado, presente y legado
Esta pulsera no es solo un complemento. Es un símbolo. De amor, de compromiso, de herencia y de continuidad institucional. Y por eso, cuando Mary de Dinamarca la rescata, lo hace siempre en el momento adecuado.
Porque en la realeza —como en la moda— el verdadero lujo está en saber cuándo elegir cada pieza.