Pierre Menard
Existen muchas personas que solo existen en la ficción. Pierre Menard es una de ellas, fue inventada por Borges en el cuento que lleva su nombre: Pierre Menard, autor del Quijote.
Todos sabemos que Cervantes fue el autor del Quijote, sin embargo, Borges ficcionaliza a un escritor francés de apellido Menard, quien a comienzos del siglo XX habría logrado escribir algunos fragmentos del Quijote, específicamente los capítulos noveno y trigésimo octavo, y una parte del capítulo veintidós. No los copió, no hizo una nueva versión de ellos, no los adaptó al español actual, sino que los escribió idénticos, palabra por palabra, línea por línea, pero a la vez eran distintos.
Roland Barthes decía que los textos una vez que salen de las manos de su creador, viven solo en el lector, es con él que se re significan y forman parte de la cultura. Podríamos decir, entonces, que existe una versión del Quijote que es la que leemos con Cervantes, pero hay un otro Quijote, el de Menard, así sea el mismo texto, palabra por palabra, frase por frase; lo que cambia es que en el primer caso leemos a un autor español famoso por haber escrito entre 1605 y 1615 El Quijote y por otro lado leemos a un poeta francés desconocido que escribió con suma originalidad fragmentos del Quijote a comienzos del siglo XX. Pese a que se trate del mismo texto, de las mismas palabras, para el lector no será lo mismo, pues se trata de dos autores distintos, de dos experiencias y recepciones distintas.
Veamos un ejemplo para entender mejor esta idea. En el escudo de la Universidad Autónoma de México (UNAM) encontramos la frase “por mi raza hablará el espíritu”, sabemos que es una frase de José Vasconcelos, rector de la UNAM, y que —con esa frase— se refiere a la raza cósmica mestiza de América Latina. Ahora, imaginemos que encontramos la misma frase, pero en una carta de Adolf Hitler dirigida a Hermann Göring; sería difícil pensar que, mediante esta frase, Hitler se refiera a una raza mestiza de Latinoamérica, sería más lógico asociar la frase al nazismo y la idea de supremacía racial que propugnaba; sin embargo, la frase es la misma, palabra por palabra, letra por letra; lo que cambia es el operador de discursividad, es decir, el marco inteligible que nos permite la lectura. Entonces, el cuento de Borges nos coloca delante de muchas preguntas: ¿dónde se encuentra el sentido de un texto? ¿Las palabras y su significado se encuentran en el autor, en el contexto del autor, en el lector como destinatario, en el idioma, en la cultura? Barthes responderá tentativamente que es en el lector, quien reúne al autor, al idioma y a la cultura para su interpretación, pero este lector vive en un marco de inteligibilidad, en un espacio público de significación en el que se ponen en juego los marcos del discurso.
Cada vez que leemos algo, nunca nos encontramos con el autor o solo con el texto del autor, sino con una infinidad de situaciones, como la interpretación del lector, la apropiación de la lengua, aunque, como señala Derrida, el idioma que hablamos no es nuestro pues nos ha sido dado, nos ha sido enseñado.
The post Pierre Menard appeared first on La Razón.