¿Cómo leer la intervención de Trump en Venezuela? (I)
A Flory Riquer.
En Juego de Tronos, “Winter is coming” es una advertencia política: mientras las élites pelean por el trono, se acerca un cambio devastador que vuelve irrelevantes sus disputas y castiga a quien no se preparó. La intervención de Donald Trump en Venezuela cumple esa función. Anuncia un invierno geopolítico: poder ejercido sin pudor normativo, potencias reclamando zonas de influencia y una frontera cada vez más borrosa entre “seguridad” y “negocio”.
La captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores y el anuncio de que Estados Unidos “manejará” Venezuela por un periodo indefinido, deben leerse como doctrina en acción. La Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025 ya había fijado el marco: America First, “paz a través de la fuerza”, primacía del Estado-nación, desconfianza hacia lo multilateral, dominio energético, fin de la migración masiva y un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe para consolidar una esfera hemisférica excluyente. Venezuela es el primer escenario donde ese libreto se ejecuta sin la coartada retórica que durante décadas acompañó las intervenciones: la promesa explícita de democracia.
I. Política interna de EU
Trump llega a 2026 con flancos domésticos: inflación resistente, desempleo al alza y escándalos que erosionan su aprobación (39% aprueba, 56% desaprueba). Con las elecciones intermedias en puerta, necesita un golpe de timón: retomar el ciclo de noticias, excitar a su coalición y mostrar resultados. La opinión pública sobre la intervención en Venezuela está partida: frente al rechazo del 70% de 2025, sondeos de ayer reflejan un país dividido entre quienes temen otra “guerra eterna” y quienes compran el argumento de seguridad (42% en contra, 40% a favor, según Wahington Post).
La justificación mezcla seguridad y derecho penal para forzar la legitimación. Presentar la captura como persecución de “narcoterrorismo” convierte un conflicto de soberanía en expediente judicial y desplaza la discusión del Congreso y del derecho internacional hacia la lógica policial: política exterior como extensión de la interior.
II. Intervención y el día después
Trump inscribió la intervención en la lógica de golpes ejemplares (Irán): fuerza para producir reputación. En Venezuela, esa palanca no abre negociación; abre tutela. “Manejar” el país, condicionar al gobierno provisional y advertir una segunda oleada no es una ocupación formal, pero sí control político bajo amenaza de fuerza.
El petróleo es objetivo explícito, sin subtexto. Recuperar derechos “robados” y dar entrada a empresas estadounidenses para invertir y obtener ganancias: reconstrucción con reembolso y reordenamiento de rutas energéticas con efectos regionales (¿Cuba sin suministro?). Se extrajo a un presidente y se anuncia un capitalismo extractivista sobre recursos venezolanos.
El día después desautoriza a quienes festejan. El golpe contra Maduro no equivale a un triunfo opositor. María Corina Machado, la oposición y sus simpatizantes (incluida parte de la comentocracia mexicana) quedaron colgados de la brocha cuando Trump apostó por un arreglo con figuras del chavismo, empezando por Delcy Rodríguez, “mientras haga lo que nosotros queremos”, aunque ella lo niegue. Esa tensión revela el dilema: para “manejar” sin ocupación formal, Washington necesita intermediarios; pero esos intermediarios requieren legitimidad. Es una transición administrada donde se promete seguridad y riqueza, no democracia.
III. Nuevo orden: zonas de influencia
El hemisferio se redefine como esfera excluyente. El “Corolario Trump” inaugura un nuevo orden dividido en áreas de influencia geopolíticas. Europa reaccionó con tibieza; con excepciones como Marine Le Pen, predominó la fatiga. Eso vuelve urgente la pregunta por Groenlandia: quizá no haya bombardeos, pero sí coacción y ultimátum, con Dinamarca bajo presión se redefine el tablero.
La incógnita mayor es el margen que este precedente concede a otros: ¿manga ancha para China sobre Taiwán? ¿Más espacio para Rusia en el este europeo? Una potencia rompe tabúes y altera expectativas.
IV. México: principios como interés nacional
México sabe que las formas de intervención varían: desde operaciones encubiertas de extracción hasta acciones abiertas como la venezolana. En este clima, su postura es funcional al interés nacional. El comunicado con España, Colombia, Brasil Chile y Uruguay —defensa del derecho internacional, desescalada y cauces diplomáticos— es el paraguas correcto. No cambia el hecho consumado, pero preserva consistencia jurídica, reduce costos de alineamiento automático y sostiene una idea mínima de reglas.
“Winter is coming” antecede a un nuevo orden que cambia: de reglas a fuerza, de democracia a administración, de multilateralismo a transacción y de disuasión a extracción.
Lectura sugerida: “Venezuela. Ensayo sobre la descomposición” de José Natanson (Debate).
Gracias LGCH