Marilyn, cien años eternamente joven
Pasa el tiempo y todos envejecemos, pero cuando vemos su imagen tan perfecta y cinematográfica sabemos que ella sigue siendo joven. «Su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva», como dijo Ernesto Cardenal en el poema/oración que le dedicó. Y es que el próximo 1 de junio se cumplirán cien años del nacimiento de Norma Jeane Mortenson, más conocida por su nombre artístico de Marilyn Monroe, una actriz tan adorada como copiada aunque nadie ha sido capaz de superar al original
A lo largo de este recién inaugurado 2026 tendremos la oportunidad de buscar nuevas aproximaciones a Marilyn, algunas alejadas de los tópicos tan falsos como repetidos. Más allá de las leyendas sobre amantes y su muerte, lo que nos quedan son los datos y la realidad, como que fue una buena lectora, nada que ver con la imagen de rubia boba que interpretó en algunas películas. En este sentido, será importante la aparición del ensayo firmado por Gail Crowther «Marilyn and Her Books: The Literary Life of Marilyn Monroe», que nos permitirá conocer el interés de Marilyn por la letra impresa de Dylan Thomas o Christopher Isherwood.
Otro título a tener en cuenta será «Dear Marilyn: Marilyn Monroe by Her Friend Sam Shaw», donde se nos abre el archivo de uno de los fotógrafos que mejor supo retratar al gran icono del siglo XX. Pese a que las fotografías de Sam Shaw son probablemente las más conocidas de cuantas se le hicieron a Marilyn, este libro presenta la particularidad de incorporar materiales hasta ahora inéditos procedentes del fondo de este artista de la imagen, compañero de la intérprete en rodajes o en sus paseos por Nueva York.
Para saber cómo pensaba Marilyn y cuáles fueron sus últimas contribuciones resultará imprescindible acudir a «Marilyn Monroe: The Last Photographs, The Lost Interview», donde podremos leer completa la que fue la última conversación de la estrella con un periodista, Richard Meryman, además de 300 fotografías, muchas de ellas inéditas, de la última sesión ante una cámara de la actriz, concretamente la del fotoperiodista Allan Grant.
La pirotecnia de «merchandising» estará preparada para comercializar su imagen, algo que dolería profundamente a la protagonista de estas líneas, la misma que pedía a Meryman un mes antes de su muerte que «no hagan de mí una broma». También regresarán aquellos mercaderes de las teorías de la conspiración, los que vieron en su muerte un despliegue de los poderes del Estado, algo que visto en perspectiva invita a la risa por lo imposible si no fuera por las dramáticas consecuencias que tuvo para quienes fueron falsamente acusados de aquello.
Pero lo que debería quedar de este centenario es, sobre todo, la reivindicación de alguien que luchó contra el sistema de Hollywood, alguien que quiso ser sí misma aunque no se lo pusieron fácil, alguien capaz de moverse entre la comedia y el drama, como así logró recoger con su cámara Bert Stern.