Atendiendo una cordial invitación
Finalmente sucedió lo que ya se había anunciado, no sólo de manera retórica sino de forma material con el espectacular y oneroso despliegue militar en el Caribe por parte del gobierno de los Estados Unidos.
El mensaje era claro, la magnitud del despliegue y las primeras acciones directas contra embarcaciones locales, presuntamente transportando drogas, constituían una amenaza patente, soportada con el contenido y el tono de las declaraciones desde los más altos e influyentes espacios gubernamentales norteamericanos, pero el régimen venezolano pecó de incredulidad y soberbia.
Desde el púlpito presidencial, el mandatario del país sudamericano corrió a su homólogo estadounidense una cordial y vigorosa invitación: “…venga por mí, aquí lo espero en Miraflores, no se tarde en llegar”.
Aunque tardó unos meses, la generosa invitación hecha pública desde el Palacio de Miraflores fue aceptada por el inquilino de la Casa Blanca y, con una quirúrgica y extremadamente veloz operación militar, sus deseos fueron cumplidos en la madrugada del pasado 3 de enero.
La extracción y traslado a Nueva York del mandatario venezolano y de su esposa, acusados ambos de delitos en Estados Unidos, ha generado reacciones encontradas alrededor del mundo, tanto en comunidades como en la clase política de diversos países, que se expresan tanto a favor de la captura como en contra de la forma como esta se realizó, celebrando de manera multitudinaria, por una parte, como protestando por otra, por la violación de la soberanía mediante un ataque armado.
La posición norteamericana ha quedado clara, en voz de su mandatario con respecto al futuro de Venezuela en cuanto a su administración, su reconstrucción y la recuperación del petróleo y de paso, en voz de su secretario de Estado, se ha enviado un sutil mensaje a otros gobiernos de que debieran estar tan preocupados como el país sudamericano.
Dado lo reciente de los acontecimientos, lo que prima es la incertidumbre y, aunque las reacciones ya se empiezan a dejar sentir, aún es temprano para aventurar las repercusiones geopolíticas que, tanto la captura del mandatario venezolano, como la decisión unilateral de los Estados Unidos de actuar militarmente en un país extranjero, tendrán a nivel regional y global.
Para el caso de México, dadas las particulares condiciones de la relación bilateral, cargadas de tensión desde el inicio del segundo mandato del presidente del país del norte por temas tan sensibles como el narcotráfico, la migración, la violencia criminal, la corrupción y la próxima revisión del tratado comercial, entre otros, debiera ser un referente primordial para la reflexión, no solo de la relación vecinal, sino para la orientación de la política interna y la recomposición del entramado institucional, no por la presión externa, sino por el fortalecimiento de las capacidades del Estado, la mitigación de vulnerabilidades y el robustecimiento de la soberanía real del país en escenarios que se antojan complejos y desafiantes.
Feliz año 2026.