Hacia el pleno empleo... estadístico
Nunca fue tan sencillo mejorar el mercado de trabajo sin que nadie tuviese que ir a trabajar como parecen mostrar los datos oficiales por los que España ha logrado acercarse al pleno empleo por una vía innovadora, no creando más trabajo estable, sino dejando de llamar parados a quienes no trabajan. En este nuevo marco conceptual del mercado laboral, cobrar una prestación por desempleo ya no implica necesariamente estar parado, sino encontrarse en una suerte de pausa administrativa perfectamente compatible con cifras oficiales favorables.
Así, los datos oficiales dibujan una mejora aparente del mercado laboral, gracias al incremento de la tasa de cobertura de las prestaciones por desempleo, que habría alcanzado a ocho de cada diez "desempleados" a nivel nacional, lo que para algunos responsables políticos es todo un logro y muestra de fortaleza económica al considerar que más personas cobrando prestaciones equivale a más y mayor calidad del empleo, una conclusión tan creativa como discutible.
La sorpresa ha surgido cuando el análisis estadístico muestra que, en algunas provincias, esta tasa de cobertura supera el 100% al dividir el número de personas que cobran la prestación entre los parados registrados, toda una distopía que sólo se explica al no considerar desempleado a quien no trabaja por el simple hecho de ser fijo discontinuo, lo que distorsiona la imagen real de nuestro mercado laboral.
En este sentido, la estadística, que debería servir para describir la realidad y orientar decisiones económicas, se utiliza cada vez con mayor soltura como soporte del relato político.
Esta situación revela dos problemas de fondo, primero, que la tasa de paro oficial deja de ser un reflejo fiable de la realidad laboral pues que baje el paro no significa que haya más empleo efectivo ni sostenible. Y segundo, que se juega con la percepción pública de unos datos que se venden como un éxito cuando ocultan una elevada y creciente precariedad estructural, especialmente en sectores con fuerte estacionalidad.
El resultado agregado es una fotografía artificialmente optimista, construida sobre la reducción administrativa del número de parados y una narrativa oficial que oculta más de lo que revela, con lo que corremos el riesgo de que la opinión pública y los responsables de tomar decisiones pierdan una herramienta indispensable para comprender y afrontar los retos del empleo en España.
La mejora real del empleo exige transparencia estadística y rigor analítico que permita un debate honesto sobre la calidad del empleo y el diseño de políticas que, en vez de maquillar las cifras haciendo que la mejora del empleo se constate en los registros pero no necesariamente en los centros de trabajo, permitan mejorar las condiciones de vida y ofrecer oportunidades para muchos ciudadanos que siguen afrontando una situación de inestabilidad, falta de horas de trabajo y condiciones laborales ligadas a la estacionalidad y temporalidad.
La estadística no debe usarse para ocultar realidades incómodas ni mucho menos para sustituir la precariedad por la innovación metodológica y semántica con evidentes ventajas políticas en vez de medir las horas efectivamente trabajadas y la productividad, pues un mercado laboral sólido no se mide por cuántos parados desaparecen de las estadísticas, sino de cuántas personas trabajan de forma estable y productiva.