Nandu Juvany, la estrella Michelin del Rally Dakar
«Ya estoy de vacaciones», celebraba Nandu Jubany al llegar al campamento de Yanbu para empezar su tercera participación en el Dakar. Llegó más tarde que el resto, sin tiempo para el proceso de aclimatación a Arabia, porque el día 31 tuvo que dirigir la cena de Nochevieja que daban en su restaurante, Can Jubany. Ese es su trabajo el resto del año, entre fogones y al frente de un grupo de restauración muy prestigioso que acumula una estrella Michelin y varios soles Repsol. Un crack en lo suyo que apaga los fogones a principios de enero para lanzarse a la aventura sobre cuatro ruedas. Reconoce que a él lo que le llamó de joven fueron las motos, y de hecho debutó en el Dakar en 2018 sobre dos ruedas, en la 40ª edición del rally, una de las que se disputó en Suramérica.
De la moto al coche
No volvió al rally más mítico hasta 2025, ya en coches, con un buggy de dos ruedas motrices. Una edición en la que todo le salió bien, sin grandes problemas ni esas sorpresas desagradables que siempre esperan detrás de cada curva. Reconoce que el Dakar es ese tipo de prueba que al terminar piensas que nunca vas a volver, pero en cuanto pasan unas cuantas semanas vuelve a nacer ese gusanillo de repetir. Y eso le sucede a Nandu, que ya ha arrancado su tercera participación, la segunda en coches, a los mandos de un Optimus MD de 450 caballos y dentro de la categoría T.1 de dos ruedas motrices. Si en 2025 todo fue como la seda, el prólogo de este 2026 se le atragantó a los siete kilómetros, cuando el coche sufrió un problema eléctrico y se paró.
Se suponía que debía ser una toma de contacto tranquila y estuvo muy cerca de dejarle fuera de la aventura. Por suerte para él los tiempos no contaban, y solo servían para conformar la lista de salida de la primera etapa, disputada ayer. Junto a su copiloto, Marc Sola, estuvo cuatro horas tirado en el desierto, buscando ese problema eléctrico con el que no conseguían dar.
Un cable quemado
Finalmente, los mecánicos descubrieron qué pasaba y era la cosa más tonta del mundo. Un pequeño cable que estaba demasiado cerca del tubo de escape se había quemado y por eso el coche daba error todo el rato. Llegaron a la meta con casi cinco horas de retraso y remolcados por un camión, cuyos integrantes tienen ya prometido un arroz caldoso riquísimo de los que suele hacer el día de descanso y cuando hay algo de tiempo en el campamento. Muchos se acercan cuando huelen que está cocinando este chef de sonrisa permanente que le pone una estrella Michelin al Dakar.