Crítica de "Sueño": Shakespeare para todas las edades
Después de alzarse ganadora del certamen Barroco Infantil, que se desarrolla cada año en el marco del Festival de Almagro, la Compañía Criolla trae a Madrid estos días navideños, invitada por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, su ingeniosa adaptación de "El sueño de una noche de verano", de William Shakespeare, para públicos de todas las edades.
"Sueño", que es el sencillo título que adopta este espectáculo, se estrenó en 2020 y ha realizado ya más de 300 funciones en Argentina y en otros países. El director y dramaturgo Emilio Dionisi, muy conocido en el panorama teatral argentino, y que este año ya había estado en la cartelera madrileña con Sansón de las islas, firma la versión y la dirección de este sencillo, simpático y honesto espectáculo que él mismo interpreta, de manera muy coral, junto a Lucía Baya Casal, Ramiro Delgado y Julia Gárriz.
La función tiene, atendiendo a su envoltorio más exterior, casi un formato de cuentacuentos, puesto que la obra que se representa se inscribe dentro del relato que la propia compañía -trasunto de los artesanos atenienses del texto original- cuenta a los espectadores. Lo curioso, y lo audaz, es que Dionisi no solo no ha renunciado a mantener las distintas capas metateatrales, sino que, en cierta medida, al esencializar tanto la trama, incluso las ha potenciado colocándolas de ese modo. No sé si el publicó infantil logrará o no asociar correctamente esos distintos planos dramatúrgicos; pero quizá no sea demasiado importante, porque cada parte, o mejor dicho, cada subtrama, funciona perfectamente de manera autónoma y llega clara y directa al entendimiento de cualquiera, independientemente de la edad que tenga.
Así pues, los propios actores, los amantes atenienses (Hermia, Lisandro, Helena, Demetrio) y algunas criaturas del mundo de las hadas (Oberón, Titania, Puck o Polilla) son encarnados con gracia y desenvoltura -aportando algunas soluciones escénicas muy interesantes- por un elenco que ha trabajado bien desde el punto de vista técnico las dimensiones del tiempo y del espacio escénicos para hacer que todo se desarrolle con agilidad y sentido de la continuidad dramática. Aunque parezca la acción discurre libre y flexible, uno intuye que hay una estricta coreografía, a la que los cuatro intérpretes se someten disciplinados, que permite que el argumento se entienda y que avance debidamente.
La verdad es que montajes como este, y como otros de similar estilo que han podido verse en los teatros públicos de Madrid en las últimas temporadas, dan muestra de que el teatro familiar goza de mucha mejor salud que el teatro exclusivamente para adultos, porque en aquel, al contrario que en este, los creadores se toman muy en serio a su público y evitan las cansinas peroratas moralizantes; no tratan de convencer a los jóvenes espectadores de otra cosa que no sea que aprendan a disfrutar, sentir y razonar por sí mismos.
- Lo mejor: La historia está tratada y escenificada con agudeza, conocimiento y adorable sencillez.
- Lo peor: La dificultad que puedan tener los más pequeños para armar todo el bloque dramatúrgico con las distintas capas.