Financiación autonómica: el todo o nada de Sánchez e Illa
El presidente catalán, Salvador Illa, hizo de oráculo en su rueda de prensa de final de año haciendo balance del 2025, cosa sabida, y augurando movimientos en 2026, asuntos en interrogante. «En enero pasarán cosas», afirmó el máximo responsable de la Generalitat. También en esa comparecencia, Illa dijo que «el PSC y el PSOE eran dos partidos diferentes». Una aseveración que es una obviedad en Cataluña, pero que en los mentideros madrileños se contempló como un principio de ruptura entre Salvador Illa y Pedro Sánchez.
La oposición cargaba sin piedad contra Sánchez. Los resultados de Extremadura habían dejado noqueado al partido y las previsiones en Aragón y Castilla y León, las próximas citas electorales, no prevén ninguna sorpresa positiva. Los escándalos de corrupción de los que fueran «números dos» del PSOE dejaban la credibilidad del presidente a los pies de los caballos y cayó el fiscal general. La guerra interna ya era un hecho a cuenta de las denuncias de acoso sexual. La presión al secretario general no venía de la vieja guardia, desde Felipe González hasta Jordi Sevilla, sino desde sus propias filas. Por primera vez se producían movimientos pensando en el postsanchismo. La soledad del presidente era manifiesta y que PSC y PSOE rompieran amarras se convertía en un acicate. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. «Algunos confunden sus deseos con la realidad», sentenciaba un dirigente del PSC consultado sobre ese alejamiento de Sánchez de los socialistas catalanes.
«En enero pasarán cosas», ese es el mantra de Illa. No para alejarse de Sánchez, sino aprovechando la fuerza del PSC y su carácter diferencial para influir en el PSOE y abrir una nueva etapa en la legislatura que a la vez permitiera un pacto presupuestario en Cataluña que facilitara a los socialistas catalanes consolidar la presidencia de Illa hasta 2028. Y en eso se ha centrado el presidente catalán anunciando un inminente pacto en materia de financiación autonómica «singular y solidaria». Un pacto no entre PSC y ERC, sino un pacto con el Gobierno de Sánchez y de María Jesús Montero.
Desde el anuncio de Illa se han sucedido un goteo de informaciones sobre financiación. Según estas noticias habrá más dinero en el fondo común para políticas sociales, sanidad y educación. La buena marcha de la economía hace posible este ítem. La escasez de recursos es el primer problema para todos los presidentes, sea del partido que sean. Tener más fondos es fundamental para hacer nuevas políticas y construir un relato solvente frente al discurso de la extrema derecha que hace su agosto por el deterioro de estos servicios públicos agitando el fantasma de la inmigración y la inseguridad. Más dinero para repartir y más capacidad de recaudación, como en el caso de Cataluña en el IVA de las pymes que llegará al 56% y se tendrá en cuenta dónde se ubica su sede social.
Todo indica que la escenificación del acuerdo la protagonizarán Oriol Junqueras y Pedro Sánchez en la cita que mantendrán en Moncloa este mes, tras las fiestas navideñas. Si el acuerdo se cierra, el Gobierno intentará dar una nueva vida a la «mayoría plurinacional» que debe incluir necesariamente a Junts. Discretamente y sin ninguna información pública, el PSOE y Junts mantienen contactos. No se descarta tampoco un encuentro entre Sánchez y Puigdemont porque en este primer trimestre el Tribunal Constitucional dictaminará sobre la Ley de Amnistía y Puigdemont podría volver a España.
La negociación con María Jesús Montero ha sido larga y compleja porque la vicepresidenta quiere dejar el Gobierno para competir en Andalucía y quiere tener un argumento sólido para los socialistas aragoneses y castellanoleoneses que serán acusados desde el PP de arrodillarse ante los nacionalistas. La mano que ha mecido la cuna de estas negociaciones ha sido Alicia Romero, mano derecha de Illa y consejera de Economía. Ella es la protagonista de este acuerdo –posible– entre ERC y PSOE que debe satisfacer a los republicanos, no ser un problema para el PSOE en España y haga posible un acuerdo del PSC-ERC-Comunes en Cataluña. Illa dijo que «se iba a dejar la piel» para conseguir los presupuestos de 2026. Con este acuerdo se los garantizaría y de rebote podría abrir la puerta, esta vez de verdad, a una negociación presupuestaria del Gobierno en el siempre complejo Congreso de los Diputados.
El Gobierno también jugará sus cartas con las comunidades del PP en la negociación de la financiación autonómica, atendiendo los diferentes intereses de los territorios. Cambios en los criterios, en la capacidad de recaudación y gestión de los impuestos y, sobre todo, más dinero para repartir serán los pivotes de una negociación a cara de perro con los gobiernos populares sin olvidar el papel de socios como Compromís, BNG y Chunta Aragonesista en el que además del nuevo modelo jugará un papel decisivo la quita de la deuda. Sánchez e Illa se la juegan.
Illa ha ido al auxilio de Sánchez con un tema escabroso, pero necesario, para superar el bloqueo parlamentario. El único tema que puede levantar una legislatura agitada y que muchos consideran acabada. Ambos están ante un todo o nada.