Desinstitucionalizar a Gabriela: “No me nombren a mí sola”, una ficción para hablar de la “otra” poesía de Mistral
El 2025 fue, definitivamente, el año mistraliano. Uno dedicado a la puesta en valor del legado de quien se alza como una de las autoras más importantes de las letras hispanoparlantes y que convocó a prácticamente todos los sectores culturales.
Y aunque el énfasis fue llevar a la esfera pública las diversas aristas de una mujer de la talla Gabriela Mistral, todavía quedan varios lugares de su mundo interior por descubrir e imaginar.
Eso es, justamente, lo que buscaban las artistas Pascuala Ilabaca —cantante, compositora, diplomada en Dirección Teatral y ganadora del Pulsar a Intérprete del año 2025—y Bhavani Kali —coreógrafa, bailarina y doctorante en Psicología— al momento de comenzar a pensar en lo que pronto se transformaría en “No me nombren a mi sola. Fantasías para el encuentro de Gabriela y Doris“. Obra que se hace de múltiples lenguajes para ficcionar sobre la relación amorosa que unió a Mistral y Doris Danas y que se presentará este 26 de diciembre en el Aula Magna del Liceo Manuel de Salas.
“Hay una figura que se ha ensalzado de Gabriela que no es casual”, expresó Kali. “Hay todo un trasfondo político en que históricamente se haya transmitido su imagen como una mujer desexualizada, deserotizada, un poco hasta malhumorada. Y es curioso porque también se han asociado esas características a las mujeres lesbianas, como a las que ‘les falta algo’. Por eso no creo que sea casual que haya sido esa la transmisión de la figura de Gabriela como ser humano”.
Gabriela Mistral y Doris Dana.
Es ahí donde un elemento tan íntimo como las cartas se vuelve crucial para explorar aquello que ha sido desplazado de su figura institucional. “Una vez que hemos leído las cartas que se enviaban con Doris Dana nos vamos dando cuenta de que Gabriela, además de su poesía —su poesía amorosa—, tiene cuestiones eróticas y gozosas. Y las cartas son intensas, bonitas, poéticas, demandantes, exigentes, pasionales”, describió la coreógrafa.
“A mí, en lo personal, y creo que Pascuala debe coincidir, nos parece hasta un poco absurdo que se intente disociar esos elementos de una mujer que era una poetisa. Lo que ella hacía tenía que ver con la intensidad, con la pasión, con el amor. Entonces, tratar de aislar esa dimensión y omitirla es un contrasentido, si pensamos en su trabajo y en su labor”, añadió Kali.
Palabras que resuenan en su compañera: “Eso de fragmentar a las personas, de decir ‘ahora vamos a mostrar su lado erótico, y por qué no también político, y por qué no también indigenista’ cuando está todo mezclado. Las personas no somos muebles con distintos cajones. Ahí también hubo un trabajo bonito, de hartos años, de elegir los textos, entre los más conocidos, como ‘Dame la mano‘ o ‘Besos‘, con reinterpretaciones (…) y los más desconocidos, que para mí son brutales, como ‘La espera inútil‘, ‘La bailarina‘, ‘La abandonada‘. Textos que la describen además como una mujer con una visión muy cosmopolita y universal, que también es otra faceta que nos quiere mostrar”.
Algo que igualmente se repite con otros artistas. “Cuando hice el homenaje a Violeta Parra también pasaba un poco lo mismo“, recordó Ilabaca. “Se quería restringir a Violeta a un personaje cuando era mucho más que eso. Ahí yo hablaba de la desmilitarización del folclore, y ahora me parece que es como la desinstitucionalización de Gabriela”.
Gabriela Mistral y Doris Dana.
Volviendo a la misiva como objeto de estudio, la compositora destaca, por sobre todo, lo que estas aportan a la hora de reconstruir las posibilidades de un amor. “Me gusta mucho para complementar los rasgos de las personalidades de Doris, sobre todo, que es de quien menos sabemos. Ir descubriéndola, su personalidad, que descubrimos que también era fuerte y el tipo de relación que tenía con Gabriela. O el humor, que muchas veces en las poesías no quedaba expresado, pero sí en las cartas”, afirmó Ilabaca.
“Por ejemplo, esta frase ‘mejor que comer avena es comer Doris’ que dice la Gabriela es muy chistosa, y eso no está en una poesía oficial o publicada en algún texto porque ellas mismas resguardaron eso. Pero las cartas nos abren esa intimidad”, añadió.
“Estoy pensando en lo de las cartas también como recurso creativo para nosotras”, complementó Bhavani, “porque, así como dice la Pascuala, nos sirvió para explorar más en profundidad sus formas de ser, encontrar a esta Gabriela berrinchuda, que sí le hacía harto berrinche a Doris porque no le respondía a tiempo o porque no le daba suficiente atención. Estas demandas mutuas nos permiten vislumbrar cuál era el carácter de su relación, qué les hacía pelear y todo eso, pero también fue un recurso poético y narrativo importante. De ahí extrajimos una idea fundamental del guion de nuestra obra, que tiene que ver con cómo ellas hacían para enviarse besos, caricias y toqueteos a distancia”.
“Ellas se dicen ‘te lo mando a través del viento’, ‘te lo mando a través de la lluvia’, y nosotras ocupamos eso —que lo sacamos de sus cartas— para hacer un elenco que performa y baila la lluvia, baila el viento, que va a transmitir estos besos y estas caricias de una a otra en la distancia”, explicó la coreógrafa.
Pascuala Ilabaca y Bhavani Kali, directoras de “No me nombren a mi sola. Fantasías para el encuentro de Gabriela y Doris”.
Abrazar los formatos y lenguajes
El uso poético de los recursos inscritos en las cartas no es la única innovación de “No me nombren a mi sola”. Para la dupla creativa, igualmente era importante hacer uso de múltiples herramientas expresivas para encausar una historia difícil de condensar en diálogos.
“Eso tiene que ver también con deseos nuestros. Está al 100% puesto nuestro deseo propio en la ejecución de la obra. Tiene que ver con enriquecernos profesionalmente cada una con este diálogo entre distintas disciplinas y lenguajes corporales, autorales, canciones. Cuando nos vamos encontrando con la obra de Gabriela, articulada con este amor y este intercambio de cartas, vemos que hay una profundidad y un nivel de desborde pasional que a mí, en lo personal, me parece un error querer encausar o encuadrar en un solo formato“, manifestó Kali.
En ese contexto, Pascuala explicó que es su voz la que canta el texto: “Soy una narradora. De alguna manera cumplo ese rol en la obra. Y hay 12 intérpretes en el escenario: hay un coro que hace todo esto, hacen pasacalle, viento, lluvia. También se representan todos los arquetipos que nosotras definimos con el elenco, que era lo que impedía el amor a vista pública de ellas. Tenemos un texto original de Doris Dana, que escribió cuando murió Gabriela Mistral, así que hay mucha cosa. Es muy barroco. Hay muchos momentos, casi como un musical”.
Aunque la compositora reveló que los mismos asistentes les han dicho que se trata de algo nuevo, que no es danza, ni teatro ni un concierto, sino “algo que es otra experiencia”. “Es entretenido y dura solamente una hora, así que vayan, hay que descubrirse”, invitó bajo esa premisa.
Gabriela Mistral y Doris Dana. Foto: Biblioteca Nacional.
“Hubo una decisión clara en este proceso —y también quiero hablarlo por la política chilena, en el contexto en que estamos—, y es que en el mundo de la izquierda hay mucho temor a la diferencia y a la diversidad. Siempre estoy en desacuerdo con eso porque siento que la diversidad es lo que nos hace más fuertes y no debería ser lo que nos hace sentir que nos equivocamos o que fallamos”, compartió la cantautora.
Así es como la dirección terminó siendo “muy poco controladora, en el sentido de que estábamos trabajando con el elenco, éramos 12 personas y había dos directoras. Siempre en la improvisación puede haber dos miradas y eso a mí me gustó mucho: ser muy transparente con el elenco y mostrarlo. Creo que eso fue sorpresivo para ellos. En general, hay un control de decir ‘nosotras nos vamos a mostrar como un bloque’, pero esa decisión me parece pasada de moda”.
“En realidad, mostramos que nosotras somos dos personas que están haciendo algo juntas y no tenemos por qué ser la misma persona ni querer controlar o estar de acuerdo siempre. Además, estábamos seguras de que iba a resultar porque así ha sido en los últimos diez años. Está esa certeza de que vamos a reaccionar bien, que no vamos a ser las directoras que se tiran de las mechas frente al elenco, porque no ha pasado y no va a pasar. Y por eso mismo podemos permitirnos opinar distinto, estar en desacuerdo frente a los demás. Eso es sano, hace bien”, concluyó Ilabaca.
Afiche de la obra de la obra “No me nombren a mi sola. Fantasías para el encuentro de Gabriela y Doris”.