Un murciano logra dejar atrás 65.000 euros de deuda y cambia su forma de vivir tras una decisión clave
La historia comienza lejos de la Región de Murcia. Hace más de quince años, este vecino de Casillas residía en la Comunidad Valenciana, donde solicitó un préstamo personal para adquirir una vivienda en la localidad de Albaida, en la provincia de Valencia. El importe inicial rondaba los 20.000 euros, una cantidad asumible en aquel momento, pero que con el paso del tiempo se convirtió en una carga insostenible.
Las circunstancias personales y económicas cambiaron. Los gastos superaron a los ingresos y la deuda empezó a crecer. Aunque mantenía un empleo, dejó de afrontar las cuotas mensuales y la situación se agravó rápidamente. La entidad financiera inició el procedimiento y el inmueble acabó siendo embargado, sin margen de negociación efectivo.
Del embargo a una deuda imposible de asumir
Tras el embargo de la vivienda, el problema no desapareció. Al contrario. A la pérdida del inmueble se sumó una deuda que siguió generando intereses y costes adicionales. Dos años después del embargo, intentó renegociar con el banco un plan de pagos adaptado a su situación real, con cuotas mensuales reducidas. La respuesta fue negativa.
Sin alternativas claras, decidió regresar a la Región de Murcia y establecerse de nuevo en Casillas. Allí retomó su actividad laboral con la intención de rehacer su vida, pero la deuda seguía presente. Cada nuevo ingreso estaba expuesto a posibles embargos y cualquier planificación a medio plazo resultaba inviable.
Un descubrimiento que cambia el enfoque
El punto de inflexión llegó de forma inesperada. Investigando por su cuenta, conoció la existencia de mecanismos legales para la reorganización de deudas en otros países. Esa búsqueda le llevó a descubrir que en España existía una herramienta específica para personas físicas en situación de insolvencia: la Ley de Segunda Oportunidad.
Al principio, la desconfianza fue total. El desconocimiento y las malas experiencias previas con entidades financieras le hicieron dudar. Sin embargo, tras informarse y contrastar datos, empezó a valorar seriamente esta vía como una salida realista a su situación.
Dos años de trámites hasta la cancelación
El proceso no fue inmediato. Durante cerca de dos años, como explica La Opinión de Murcia, estuvo asesorándose y realizando trámites judiciales, con desplazamientos frecuentes y documentación constante. Aun así, destaca que el acompañamiento legal fue clave para avanzar sin sobresaltos ni errores que pudieran comprometer el resultado final.
Finalmente, la resolución judicial permitió la cancelación de una deuda que ascendía a 65.000 euros. Una cifra que durante años condicionó cada decisión personal y laboral, y que ahora ha dejado de existir desde el punto de vista legal.
Un nuevo escenario económico y personal
En la actualidad, este vecino de Casillas mantiene un plan de pagos de 99 euros mensuales durante 48 meses, del que ya ha superado más de la mitad. A diferencia del pasado, estos pagos están perfectamente definidos y no ponen en riesgo sus ingresos básicos.
La diferencia, explica, no es solo económica. La tranquilidad de saber que su salario no será embargado y que puede ahorrar o planificar gastos futuros ha tenido un impacto directo en su motivación laboral y en su calidad de vida.
Un mecanismo cada vez más utilizado
Casos como el suyo no son aislados. En las últimas semanas, otros vecinos de la Región de Murcia se han acogido a la Ley de Segunda Oportunidad para cancelar deudas derivadas de avales personales, gastos médicos o préstamos que se volvieron inasumibles tras cambios inesperados en su situación económica.
Este mecanismo legal, regulado por la legislación española y supervisado por los juzgados mercantiles, se consolida como una herramienta clave para particulares que cumplen los requisitos de buena fe y se encuentran en una situación de insolvencia real.
Para este murciano, el resultado es claro: después de años mirando con preocupación cada notificación y cada extracto bancario, ahora puede pensar en el futuro con otra perspectiva. Sin deudas arrastradas y con la sensación de haber recuperado el control de su vida económica.