Guardiola reabre el debate estratégico en el PP para no perder voto por la derecha
El resultado de Extremadura ha reabierto el debate estratégico dentro del PP. La lectura que se impone dentro de la organización es incómoda, pero nítida: por el centro y la izquierda ya no hay margen de crecimiento, y la verdadera amenaza electoral está en la derecha, donde Vox deja de ser un socio incómodo para convertirse en un competidor con capacidad de drenaje real. Esto supone cuestionar también la estrategia que ha seguido la candidata en las elecciones del domingo, María Guardiola, a quien reprochan internamente los fallos en la campaña y que haya manejado de manera poco prudente las expectativas sobre los resultados.
Ayer, la dirección popular recibió a María Guardiola con un paseíllo preparado en el vestíbulo de la sede del partido, abarrotado de dirigentes de primer nivel, barones y otros miembros de la Junta Directiva Nacional del partido. Un largo aplauso, lágrimas, y emociones que ponen sordina a la realidad que se mueve entre bambalinas en las filas populares. El análisis más realista de los resultados no coincide exactamente con la teatralización de ese entusiasmo, aunque nadie en el PP discuta el alcance de la victoria en Extremadura.
En su discurso, Feijóo insto a Santiago Abascal a que acepte una lógica de proporcionalidad en los acuerdos de gobierno allí donde los números obligan a entenderse. Y también le instó a no confundir al enemigo, no tensar más de lo necesario y no convertir al PP en el adversario preferente cuando el desgaste real se produce en la izquierda.
El problema para Génova es que el resultado extremeño fortalece la posición negociadora de Vox. Abascal sale reforzado no solo porque su partido crece, sino porque lo hace sin quedar aislado. Vox ya no aparece como una fuerza testimonial o de protesta, sino como un actor estabilizado, capaz de disputar voto joven y urbano y de condicionar gobiernos.
En términos políticos, Extremadura blanquea y normaliza a Vox de cara a unas generales que se acercan con un electorado cada vez más fragmentado. La negociación coincidirá además con la campaña en Aragón, y todo este ruido no beneficia en nada a Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y Len.
En este escenario, Feijóo instó al líder de Vox a leer los resultados sin interpretaciones caprichosas y como un mandato claro que tiene que permitir un Gobierno en Extremadura. «La gente ha dicho que basta a más política que no sirve para nada. Quieren Gobierno y quieren al PP liderando el gobierno en Extremadura», defendió.
En su mensaje ante el máximo órgano del partido, el líder popular lanzó un mensaje contundente a los de Abascal. «Espero que Vox comprenda lo que la mayoría de los españoles nos dicen. Que no se equivoquen de adversario nunca más. El adversario no es el PP, es un Gobierno que ha degradado a la política».
Mientras Feijóo restó importancia al auge de los de Abascal, felicitándose de que Vox haya mejorado sus resultados y el PP también, en otras baronías se dejan sentir las señales de alarma por ese auge de Vox, que pone en peligro que se reediten mayorías absolutas como la que hoy tiene el PP en Andalucía. El presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, reconoció que así es muy difícil tener una mayoría absoluta en cualquier territorio. «Vox solo empezará a bajar cuando entren en los gobiernos y asuma responsabilidades porque entonces sufrirá el desgaste de comprobar que sus políticas, que no son viables».