La ciudad entre lagos que fue centro del arte en Europa y atesora los edificios más bellos de Italia
Italia es uno de los países favoritos para los viajeros de España y no es de extrañar porque aunque visitemos sus ciudades más icónicas una y otra vez necesitaríamos muchas vidas para descubrir todas las maravillas que atesora. Pero ¿y si variamos un poco y dejamos por una vez de lado Roma, Venecia o Florencia y exploramos otros destinos menos masificados pero igual de maravillosos? Uno de estos tesoros ocultos es la impresionante ciudad lombarda de Mantua, un destino de arte y agua muy poco conocido que conquista con la belleza de sus lagos, pero sobre todo, con su imponente arquitectura.
Civitas Vetus, el casco histórico de Mantua
Adentrarse en el casco histórico de Mantua es transportarse a un imponente universo medieval embellecido por algunos de los grandes artistas renacentistas que trabajaron para la dinastía Gonzaga, familia que hizo de esta ciudad uno de los principales centros artísticos europeos. La primera sorpresa la encontrarás en la magnífica Piazza Sordello donde se ubica la Catedral y el monumental Palacio Ducal.
Otro rincón que no debes pasar por alto es la Piazza delle Erbe, con sus soportales y un patrimonio tan espectacular como la Casa del Mercante, la Torre del Reloj, el Palacio de la Razón y el Palacio medieval del Podestà.
Una atmósfera única
Tampoco te pierdas el Palacio Te, que está considerado uno de los monumentos renacentistas más importantes. Merece la pena, aunque solo sea por admirar la famosa Sala dei Giganti. Como verás, si algo no falta en Mantua es arte, pero tampoco agua, así que, además de ver monumentos, no pierdas la ocasión de disfrutar de un relajante paseo por la rivera del río Mincio mientras te empapas de una atmósfera atemporal que no olvidarás fácilmente.
Y si vas con tiempo, no dejes de pasar por la Basílica de San Andrés: joya renacentista que contiene la reliquia de la Sangre de Cristo. Es la iglesia más grande de la ciudad y se encuentra en la Piazza Mantegna.
El Castillo de San Giorgio
Es uno de los monumentos más distintivos de la ciudad. De planta cuadrada con cuatro torres en las esquinas, fue construido por Francesco I Gonzaga en 1395. Inicialmente estaba rodeado por un foso que solo se podía cruzar mediante tres puentes levadizos. En su interior destacan los frescos de la famosa Camera degli Sposi (Cámara nupcial) de la segunda mitad del siglo XV. Una obra maestra de la pintura renacentista que su autor, Andrea Mantegna, empleó nueve años en completar. Al castillo se accede desde el Palacio Ducal.
Una ciudad rodeada por tres lagos
Este destino marcado por el arte y la arquitectura está también embellecido por tres lagos: el Lago Superior, el Lago Medio y el Lago Inferior que le dan un aire muy romántico. Son el lugar ideal para pasear, montar en bicicleta o dar un paseo en barco. Pero sobre todo, desde sus orillas en el atardecer descubrirás un escenario de postal con el perfil de la ciudad reflejándose en sus aguas.
Qué comer en Mantua
Con un carácter bastante distinto a la cocina lombarda, podrás disfrutar de platos marcados por su tradición aristocrática, influenciados también por la familia Gonzaga. Destacan los tortelli rellenos de calabaza dulce y mostaza mantuana, y un postre estrella: la sbrisolona, un pastel de origen antiguo cuyo nombre deriva de la palabra brisa, que significa «miga» en el dialecto mantuano. Se compone de harina de maíz, mucha mantequilla y almendras.