La historia de la pelea entre Billy Collins Jr. y Luis Resto: guantes con yeso y una condena a prisión
La historia de la pelea entre Billy Collins Jr. y Luis Resto es una de las más oscuras y trágicas del boxeo. Pese a que la disciplina esté gozando de una gran popularidad, por eventos como 'La velada del año' y 'La noche dorada', este episodio representa uno de los momentos más oscuros del deporte en general. El terrible resultado y lo que ocasionó aquella derrota dejó una mancha imborrable en el cuadrilátero.
El protagonista fue Billy Collins Jr., un ascendente púgil estadounidense de 21 años con una carrera prometedora y récord, hasta ese momento, casi imbatible. Él se mediría contra Luis Resto, un boxeador panameño cuyo recorrido no era el mejor: a sus 28 años contaba con apenas 20 victorias, 8 derrotas y 2 empates. El público apoyaba a la joven promesa, pero su rival decidió que estaría en contra de las posibilidades: sus entrenadores alteraron sus guantes y lo vendaron con yeso.
Así fue la trágica pelea entre Billy Collins Jr. y Luis Resto
El hecho tuvo lugar en mítico Madison Square Garden, el 16 de junio de 1983. La pelea entre Collins y Resto calentaría los motores para el enfrentamiento de la noche: Davey Moore, campeón superwélter de la AMB, y Roberto Durán. Pese a la expectativa, el americano sin duda era el favorito: venía con un impecable 11-3 a sus cortos 21 años.
Sonó la campana e inició el combate. En el segundo round, el público no podía creer que la estrella ya contaba con una herida abierta y su rostro, hinchado de golpes, demostraba que la pelea no estaba a su favor. En los siguientes asaltos, Luis Resto siguió mostrándose superior, demoliendo a Collins y desfigurando cada vez más su cara. El joven respondía, enganchaba golpes y no bajaba la guardia, pero la ferocidad del puertorriqueño lo terminó derrotando.
Luego de los 10 rounds, el árbitro y los jurados declararon la victoria de Resto, ganando $10,000 y consolidando la mejor victoria de su carrera. Así, se acercó a la esquina de su rival a felicitarlo por el esfuerzo. Ahí fue que el entrenador y padre de Collins, Ray, notó que los guantes del púgil estaban notoriamente alterados: habían removido el 50% del relleno reglamentario y habían puesto yeso húmedo en el vendaje del púgil antes de la pelea.
Las consecuencias deportivas para Luis Resto
Lo que siguió fue una investigación tanto en las autoridades del deporte como las judiciales y policiales. Resto clamaba que él no sabía de la alteración a sus guantes, pero la Comisión Atlética de Nueva York (NYSAC) declaró que era un boxeador experimentado, que pudo notar enseguida la manipulación de sus guantes. Él y sus entrenadores, 'Panama' Lewis y Pedro Alvarado, fueron suspendidos de por vida como coachs, mientras que el púgil, solo un año.
El último round para Billy Collins
Pero, sin duda, la peor parte se la llevó Collins. Después de la pelea, fue obligado a retirarse, ya que los constantes golpes de Resto ocasionaron un desgarre de iris, lo que le daría una visión borrosa de por vida. Había quedado fuera del ring cuando estaba iniciando su camino. Intentó recomponerse, pero el problema de sus ojos le impedía desarrollarse en cualquier tipo de trabajos.
Así, la joven promesa buscó refugio en el alcohol. Su esposa lo abandonó junto a su hija y la relación con su familia se volvió distante y conflictiva. Así, en marzo de 1984, 8 meses después de su pelea con Resto, se subió a su auto borracho junto a su amigo John Duke, tras discutir con su hermana y su padre. Minutos después, el vehículo cayó a un arroyo seco, matando a Collins Jr. en el acto.
"No murió en ese accidente. Fue asesinado en Nueva York", declaró su padre Billy Collins Sr., su padre, quien inició un proceso legal para denunciar por agresión a los involucrados en la noche de pelea. Así, la Corte Suprema del Estado de Nueva York encontró culpables a Resto y a Lewis. El púgil recibió una condena de entre uno y tres años en prisión, mientras que en su entrenador, entre dos y seis. Tras estar en prisión, ambos intentaron retomar sus carreras, sin mucho éxito, sobre todo para Luis, que no se sumergió en las drogas y vivió un tiempo en la calle.