Ánimo empresarial se apoya en el largo plazo ante enfriamiento de ventas y producción
La confianza empresarial registró en julio un repunte generalizado, según revela la reciente Encuesta de Expectativas Macroeconómicas del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). De los 18 indicadores evaluados, 16 se ubicaron en el tramo optimista, es decir, por encima de los 50 puntos, manteniendo el mismo número que en junio.
Los mayores avances se dieron en las perspectivas de corto plazo. Así, las expectativas que tienen sobre el andar de la economía subieron de 52,9 a 54,5 puntos, mientras que para su sector pasaron de 55,2 a 57,2 puntos. A 12 meses, las proyecciones también mejoraron, con la economía en 58,3 puntos y el sector en 61,6.
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Sin embargo, existe un desacople entre el optimismo hacia el futuro y la realidad que enfrentan los corporativos. Según explica Juan Carlos Odar, economista y director de Phase Consultores, si bien las expectativas a tres meses sobre la economía y el sector llegaron a sus máximos pospandemia, "las variables que describen la situación actual de las empresas han retrocedido por cuarto mes consecutivo, sobre todo el indicador de producción".
La situación actual del negocio mostró una mejora en julio, al pasar de 53,9 a 54,8 puntos, lo que refleja un repunte moderado en la percepción de las empresas sobre su actividad presente. En contraste, las ventas cayeron de 56,4 a 54,8 puntos, mientras que la producción retrocedió de 55,7 a 55,1 puntos, lo que sugiere una menor utilización de la capacidad instalada
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Las órdenes de compra respecto al mes anterior también descendieron de 54,0 a 53,3 puntos, lo que explica una prudencia en la reposición de inventarios. La demanda con respecto a lo esperado mejoró, al subir de 49,7 a 50,0, pero apenas está en el límite del tramo optimista.
Según el histórico (ver cuadro), desde mediados de 2024, las expectativas a tres y doce meses han seguido una tendencia ascendente, mientras que la situación actual se ha estancado y desde marzo muestra caídas continuas.
Este comportamiento muestra que el optimismo empresarial se sustenta más en lo que se espera para el futuro que en lo que ocurre en el presente con una debilidad en ventas, producción y pedidos, indicadores que no vislumbran una recuperación.