La playa natural de Toledo que está situada a los pies de un espectacular castillo
Si por algo destaca España es por tener unos paisajes, entorno natural y playas que nada tienen que envidiar al resto del mundo. Haciendo un recorrido por el territorio se pueden descubrir cientos de lugares encantadores: desde las calas más escondidas en islas como Menorca hasta playas casi vírgenes en Andalucía. Un sinfín de lugares en los que también hay que destacar a las playas naturales. Es cierto que en la mayor parte de las ocasiones se buscan zonas costeras, pero a veces se encuentran remansos de paz más cerca de lo que pensamos.
Es en la provincia de Toledo donde está una de esas playas naturales que merece la pena visitar. A pesar de que este lugar de La Mancha es más conocido por su imponente Alcázar en la capital o por pequeños pueblos con auténticos diseños de renombre entre sus obras, el agua toma especial protagonismo en Escalona. Es en este municipio donde está una playa natural que se caracteriza por situarse a los pies de un maravilloso castillo.
Así es la playa de Calicantón
Esta fantástica playa natural está situada a las orillas del río Alberche, pero la belleza se la aporta el castillo de Escalona que corona este espacio. Es cierto que no se trata de una playa como tal, pero su entorno sí que da la sensación de estar en una de ellas. Con árboles que dan sombra, arena y agua de poca profundidad. Estas características le sitúan con una opción perfecta para visitar en familia con los más pequeños de la casa.
Son muchos los habitantes de diferentes municipios de la zona que se acercan a esta playa, pero también algunos vecinos de Madrid se marchan de la gran ciudad para poner su sombrilla, extender la toalla, darse un baño y montar un picnic en la playa de Calicantón.
Esta zona de baño ofrece unas vistas privilegiadas al castillo de Escalona. Su historia comienza hace casi 1.000 años. Fue ahí cuando el rey de Castilla, Alfonso VI, pidió su construcción en lo alto de un cerro y en las inmediaciones del río. En el final de la Edad Media, el infante don Juan Manuel; el condestable don Álvaro de Luna, y los marqueses de Villena y duques de Escalona, Juan Pacheco y Diego López Pacheco, dejaron su huella personal en este edificio, pasando a la historia como la Corte de los Prodigios. Actualmente, se conserva en buen estado con unos sólidos muros y unas grandes torres.