Lagarde y todos sus equilibrios
Hoy mismo, es probable que el BCE aborde la sucesión de Andrea Enria al frente del Mecanismo Único de Supervisión bancaria (MUS). Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, era la favorita hasta hace unas semanas. Todavía mas, contaba y cuenta con el aval por escrito de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo. Su presidenta, la italiana Irene Tinagli, incluso envió una carta a la presidenta del BCE en la que consideraba que Delgado era la mejor candidata. Lagarde, según la agencia Bloomberg, eludió distribuir la misiva entre los consejeros del banco, casi al mismo tiempo que la alemana Claudia Buch, número dos del Bundesbank, emergía como aspirante firme a la presidencia del MUS, una elección que ayer daban por casi segura los intérpretes más reputados de los designios del BCE.
La gran jefa monetaria europea, con la capacidad de crear y destruir dinero, es quizá el personaje más poderoso de la zona euro, pero a pesar de la independencia de la institución que preside, con frecuencia tiene que mantener el equilibrio en un fino alambre. Es extremadamente correcta, pero también tiene carácter y, por supuesto, ideas y convicciones propias. Todo apunta que, entre la española Margarita Delgado y la alemana Claudia Buch, la influencia de Alemania en el BCE ha podido ser determinante. Y todo, la víspera en la que el BCE debe decidir si el jueves mantiene o sube una vez más los tipos de interés porque la inflación, a pesar de que ha remitido algo, no está embridada y provoca división entre partidarios del rigor o la relajación monetaria. Otro dilema para Lagarde, porque «el equilibrio permanente no existe», como sabía Maurois.
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