Pablo de la Peña: 60 meses después ¿cómo vamos?
Hace 60 meses y algunos días AMLO ganó las elecciones presidenciales de manera indiscutible. Con más de 30 millones de votos, equivalentes a más del 53 por ciento de la totalidad, López Obrador finalmente ganaba las elecciones para presidente de México. Recuerdo que su discurso inaugural fue medianamente razonable, con una clara convicción de que debería erradicar la corrupción, de que se trabajaría para acelerar el crecimiento económico y de que se pondría mayor atención a las clases socio-económicas más necesitadas para reducir la desigualdad y la pobreza en el país.
El 12 de julio del 2019 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, en la sección I que corresponde a la Política y Gobierno de la actual administración, se enfatizan algunas prioridades, entre ellas destaco (1) erradicar la corrupción, el dispendio y la frivolidad, (2) recuperar el estado de derecho, (3) separar el poder político del poder económico, y (4) cambio de paradigma en seguridad entre otras.
La segunda sección tiene que ver con Política Social y la tercera sección con Economía. Dentro de esta última sección sobre economía se enfatiza la necesidad de crecer sostenidamente, de mantener finanzas sanas, de no tener incrementos impositivos, de respetar los contratos existentes al sector privado, de rescatar el sector energético y de impulsar la reactivación económica, el mercado interno y el empleo.
En realidad, si uno lee con detenimiento este documento, debe llegar a la conclusión de que no es un plan, es más bien una crítica ideológica al modelo económico de sexenios anteriores, y algunas sugerencias sobre lo que se desea hacer, pero no detalla con claridad objetivos medibles, ni estrategias y mucho menos indicadores, solo en algunas excepciones.
Ahora a casi cinco años de gobierno no hay duda de que la prioridad de López Obrador no era una reconstrucción del aparato productivo del país para lograr un crecimiento sostenido mayor al 5 por ciento, y aunque él diga lo contrario, tampoco necesariamente ha sido su prioridad reducir la desigualdad o reducir la pobreza.
Para reducir la pobreza y la desigualdad, se necesitan crear fuentes formales de empleo y para crear empleos se necesita inversión, principalmente privada, aunque la inversión pública también ayuda. Claramente la prioridad de López Obrador ha sido extender su poder al siguiente sexenio mediante programas clientelares y asegurar su legado político en Morena como lo hizo el PRI por setenta años. Irónicamente, el más viejo PRI es el nuevo Morena.
Al quinto año de gobierno de Calderón, específicamente a los 18 trimestres de su gobierno, la economía mexicana había crecido en promedio 1.0 por ciento por trimestre. Durante el mismo periodo de 18 trimestres de Peña Nieto, el PIB de México había crecido en promedio 2.6 por ciento, esto se puede calcular usando los datos del INEGI sobre el crecimiento trimestral del PIB de México. En este mismo periodo de 18 meses, la economía mexicana con López Obrador ha crecido 0.0 por ciento. Hay que ser honestos y reconocer que nadie preveía una pandemia como la que sufrimos a nivel mundial en el 2020 y buena parte del 2021. Sin embargo, algo que me ha llamado la atención desde que conocí el dato, es que la inversión en México empezó a caer desde el segundo semestre del 2018, justo después de que López Obrador ganó las elecciones.
Con datos del INEGI, podemos revisar que, solamente en el segundo semestre del 2018, la Formación Bruta de Capital perdió 1.38 por ciento respecto al mismo periodo del 2017; y en el primer año de gobierno la FBC cayó 4.73 por ciento, esto es de $14.985 en el 2018 a $14.276 billones de pesos constantes en el 2019. Esto nos dice claramente que el mercado no mostraba optimismo respecto a la administración entrante.
Esta caída en la inversión vino a complicar las cosas para enfrentar la crisis por la pandemia, aun así hay que reconocer que se ha hecho un fuerte esfuerzo por encontrar fuentes de empleo a la creciente población del país. Usando datos sobre la población ocupada y sobre la informalidad del INEGI, podemos ver que cuando Calderón inició su administración en enero del 2007 la población ocupada sumaba 44.23 millones de mexicanos, al quinto año de su gobierno había 47.14 millones de ocupados, esto es 2.91 millones de empleos adicionales.
Para el mismo periodo de tiempo durante la administración de Peña Nieto, se incrementó la población ocupada en 3.27 millones, y en esta administración se ha incrementado 3.87 millones de ocupados. Sin embargo, lo que explica que haya más mexicanos ocupados en esta administración de López Obrador, es que hay más informalidad.
Al quinto año de gobierno de Calderón, sumaban 27.9 millones de mexicanos que laboraban en el sector informal, el cual tuvo un incremento de 2.27 millones desde que inició su administración. Durante el mismo periodo de tiempo con Peña Nieto, se incrementaron solamente 627 mil personas ocupadas en la informalidad, al pasar de 28.5 a 29.13 millones. En lo que llevamos de la administración de López Obrador la informalidad ha crecido de 30.69 a 33.1, esto es 2.41 millones adicionales de personas que laboran en la informalidad en el país. Yo me pregunto: ¿es así, con empleo informal, como se puede reducir la pobreza y la desigualdad?
Como dice un buen amigo – “aunque no tengo datos, pero tampoco tengo dudas” – creo que después de cinco años de gobierno lejos estamos de haber cumplido con dichas prioridades en el PND 2019-2024, de (1) erradicar la corrupción, el dispendio y la frivolidad, (2) recuperar el estado de derecho, (3) separar el poder político del poder económico, y lograr un crecimiento sostenido, lo que si podemos decir es que claramente ha habido un (4) cambio de paradigma en el tema de seguridad, y claramente nos ha ido mal, pero esos datos y esa conversación mejor los dejamos para otra ocasión.