Señor Sánchez, se lo digo por tercera vez: cállese
De entre todas las afecciones que suelen perjudicar la salud de los gobernantes existe una que llega a comprometer su estabilidad mental. Tiene un punto antropofágico, pues le lleva a practicar cierto canibalismo, pero no con los demás, sino con su persona. El político desquiciado se devora a sí mismo. Se cocina en su personaje, que a esas alturas está ajado y agria el guiso. Le ocurrió a José María Aznar cuando posó sus pies en la mesa del presidente de Estados Unidos y, fumándose un puro, comenzó a hablar en español texano. Se convirtió entonces el presidente en Napoleón. 1 met ...