¿De dónde viene la expresion "ponerse al tajo"?
Por ejemplo, no sabemos quién era Picio y por qué su nombre
se ha convertido en un sinónimo de algo o alguien feo o antiestético. Pero
cuando la decimos, todo el mundo sabe que estamos hablando de que algo o
alguien ha alcanzado unos niveles de fealdad sobresalientes. Otro buen ejemplo
es la locución "por si las moscas" ... ¿por si las moscas qué? Son
muy pocos los que saben que esta expresión surgió de la costumbre de cubrir los
alimentos con un paño para impedir que las moscas se posaran sobre ellos.
A menudo seguimos utilizando estas frases hechas sin que eso
nos suponga mayor problema. Ahora bien, las palabras son una de las
herramientas más poderosas que tenemos los seres humanos para interactuar con
el mundo que nos rodea. Por eso, convendría que de vez en cuando nos
detuviéramos a pensar detenidamente en las palabras que salen de nuestra boca.
En este artículo, nos centraremos en el caso de la expresión "ponerse al
tajo":
¿De dónde viene la expresión ponerse al tajo?
La expresión coloquial "ponerse al tajo" significa empezar a trabajar. En este contexto, el término "tajo" no tiene relación con el río, sino que actúa como un sinónimo de "trabajo". Aunque -en rigor- la palabra "tajo" proviene del verbo "tajar", que de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua significa "dividir algo en dos o más partes con un instrumento cortante". Y en cuanto al origen de este verbo, llegó al castellano como una derivación de la palabra del latín vulgar "taleare". Esta palabra también dio origen a la palabra "talea", que significa estaca, brote o rama de un árbol, así como a otras expresiones como "atajar".
La expresión “ponerse al tajo” es muy antigua. Esto lo
sabemos porque podemos encontrarla repetida en textos de hace varios siglos. En
aquella época, era común que en muchos trabajos no se cumpliera un horario
fijo, sino que al comienzo del día se marcaban unos objetivos que debían
cumplirse antes de terminar la jornada.
Era común que, en época de siembra, el capataz le encargase
a los agricultores cumplir con un objetivo concreto, que en este caso se
trataba de trabajar una superficie más o menos grande. Para marcar este
objetivo, era común hacer una señal en la tierra con la azada, es decir, un
“tajo”. De ahí que “ponerse al tajo” implique trabajar para cumplir un
objetivo.