Dos preocupaciones
Dos estudios generan profunda preocupación por las graves consecuencias a mediano y largo plazo. Uno es la disminución de la población económicamente activa y el otro, la aceleración del envejecimiento poblacional. De no tomar medidas en poco tiempo, ambos problemas nos pasarán facturas importantes en un futuro cercano.
Una publicación de la OCDE nos ubica en el lugar número 37, de 38 países evaluados, en el indicador de la población que pudiendo participar en la población económicamente activa no lo está. Solo superamos a Turquía.
Si en el 2019 la situación era crítica, con un 61,6 % de población activa, tan solo tres años después el porcentaje se redujo a un pobre 60,1 %, y falta a la verdad el gobierno al señalar que las personas que salieron de la economía lo hicieron por pensión, lo que fue desmentido categóricamente por varias autoridades del INEC.
La realidad es que hay una desaceleración económica. De los 196.000 que dejaron de trabajar, apenas 92.393 lo hicieron por razones de pensión y el restante, que supera las 100.000 personas, fue porque simplemente decidieron salir por falta de oportunidades. Y lo grave es que el componente mayor lo integran jóvenes y mujeres de entre 25 y 34 años, edades claves para la experiencia laboral y el comienzo de la acumulación de ahorros para el futuro.
Por otra parte, el Centro de Investigación Observatorio del Desarrollo, de la Universidad de Costa Rica, en conjunto con la Cátedra Envejecimiento y Sociedad de la Facultad de Medicina, revela que se ha detectado un envejecimiento aún más acelerado del previsto, pues en el 2013 se calculaba que en el 2022 la población mayor de 65 años sería el 9,18 % del total, pero la realidad es que en este momento asciende a 710.417, equivalente al 13,63 % del total.
En momentos en que se discute el bajo nivel de inversión social, la sostenibilidad de la CCSS y de los regímenes de pensiones, dichas cifras implican que, de no tomar acciones urgentes, que faciliten la inclusión de más personas al trabajo (ej. sistema de cuidados y formación para la empleabilidad juvenil), y diseñar políticas que propicien una vida en la adultez más sana y activa, tenemos una bomba de tiempo próxima a estallar.
La autora es politóloga.