¿Tienes la piel seca? Estas son las causas y así puedes prevenirla
La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y nuestra principal barrera de protección frente a amenazas ambientales externas. De forma natural, la piel tiene un complejo sistema en cuanto a hidratación gracias al trabajo de miles y miles de glándulas sebáceas estructuradas que la mantienen perfectamente hidratada: la epidermis cuida la elasticidad, la cohesión celular y el buen funcionamiento de la pigmentación.
En una piel seca, el nivel de lípidos y ácidos grasos es menor al de una piel normal, por lo que se pierde con más facilidad el agua que ella misma produce. Nuestra barrera cutánea deja de tener la capacidad de retener el agua que albergamos de forma natural. Cuando esto ocurre, la piel se vuelve tirante, rugosa y áspera.
Como avisa la Academia Española de Dermatología y Venerología (AEDV), son varios los motivos por los que esto puede pasar. En ocasiones, la falta de grasa y agua está provocada por hechos externos como la sequedad climática, el nivel de humedad, las temperaturas extremas (tanto altas como bajas), el viento o la radiación ultravioleta.
Pero también hay otras causas. Como advierte Montse Arboix, experta en enfermería comunitaria y socia del Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas (GNEAUPP), "el lavado excesivo con jabones agresivos o agua muy caliente; el envejecimiento –por la disminución de la grasa natural de la piel (sebo)–; la predisposición genética; sufrir alguna enfermedad como dermatitis atópica, psoriasis o diabetes o algunos medicamentos como los usados para el acné o algunos diuréticos para fomentar la excreción de orina" también pueden favorecer tener la piel seca.
Como ya hemos comentado, una piel muy seca tiene la barrera protectora debilitada porque pierde la humedad natural. Cuando esto ocurre, lo primero que solemos notar es "una sensación de tirantez, de sentirla apretada, sobre todo después de lavarnos la cara o algunas partes del cuerpo", reconoce Arboix. Pero también pueden aparecer otras señales como:
En consecuencia, una piel seca es más "proclive a sufrir lesiones dérmicas que pueden desembocar en infecciones cutáneas", admite Arboix. Además, es más propensa a desarrollar reacciones inflamatorias al contacto con sustancias irritantes y alérgenos.
En las personas mayores, cuya piel ha perdido buena parte de su función de barrera (es más frágil y delgada), "la piel reseca las hace más vulnerables a que pequeñas lesiones (rascadas o golpes) les provoquen heridas que cicatricen con dificultad", reconoce la experta.
Para muchas personas, tener la piel seca no responde a un motivo genético sino más bien a ciertos hábitos modificables que deben adaptarse a cada persona y a cada momento del año. Para cuidar una piel seca, es importante mantener ciertas rutinas bajo control:
Es esencial "adaptar estos consejos a cada situación ya que cada persona puede tener distintas necesidades para el cuidado de la piel", advierte Arboix. En el caso de que los síntomas persistan o empeoren, la experta aconseja consultar con el médico de familia o un dermatólogo para "obtener un diagnóstico y el tratamiento adecuado".
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