El matrimonio es una subversión y un milagro
Suelo emocionarme en las bodas. Me ha ocurrido recientemente en la de Ale y Alfonso, dos personas que son importantes para mí desde hace poco tiempo, pero que lo serán, espero, para siempre. Lloré durante la ceremonia y lloré también al día siguiente, recordándola, cosa que a mis amigos les divirtió mucho. Les extraña que un hombre de metro noventa, anchura considerable, vello en pecho y espalda y voz cavernosa se ablande como un párvulo en estos contextos. Y yo comprendo que a ellos les extrañe: pese a las reivindicaciones feministas y a los publirreportajes del Ministerio de Igual ...