Osasuna no se rindió
El entrenador del Madrid tiene en su rebotica la fórmula magistral de la que echar mano. No necesita almirez y mazo para crear la pócima porque está en sus estantes. Es el ungüento amarillo llamado Vinicius, capaz de hacer la mejor jugada y crear el gol. Pero es medicina que tiene efectos secundarios, es imposible que se mantenga en tono moderado. Es cierto que le hacen faltas, pero es incapaz de mantenerse calladito. Si todos los futbolistas protestaran cuando le hacen falta tendríamos el rosario de la aurora cada minuto.
Ancelotti en su rebotica tiene claro que su medicina casi infalible está a la vista de todo el mundo. Sin embargo, no hay equipo que pare su administración. Con mandar balones largos a Vini, velocista extraordinario y jugador de maneras sorprendentes, puede poner a sus compañeros en posición de gol. Así ocurrió cuando estábamos en el segundo minuto del partido y Rodrygo remató y puso al Madrid en ventaja. Arrasate colocó a Moncayola, que es centrocampista de lateral derecho y en la misma zona a Peña, pero los ataques del Madrid tenían siempre peligro difícil de cortar. Aridane en los cruces salvó la zona defensiva rojilla.
El pronóstico decía que el favorito era el Real Madrid. Se confirmó la tesis de que el más grande se iba a comer al más chico. El eslogan navarro dice que “Osasuna nunca se rinde” y también se confirmó la teoría. Los pamploneses querían echar en Sevilla el chupinazo. La ilusión estaba en comenzar a celebrar los sanfermines. Para los madridistas la victoria quería ser el bálsamo que aminore el dolor de la herida de los catorce puntos de desventaja que tiene en Liga y con la amenaza de que incluso el Atlético finalmente les desborde.
Osasuna aspiraba a ganar su primer título en su segunda final copera. El Madrid necesitaba ganar por si la eliminatoria europea con el Chelsea no es satisfactoria. Había que asegurar un triunfo, que además, lleve a la confrontación europea con la moral de estar en línea de campeones. Teóricamente había más ansiedad en las filas madridistas que en las pamplonesas.
En la primera parte Alaba estrelló en libre directo en el larguero y Benzema tuvo gran ocasión para marcar el segundo. Osasuna no se rindió y atacó, aunque sus remates eran de cabeza en balones altos. Dos paradas importantes tuvo que hacer Courtois, pero el mayor peligro estaba en los ataques madridistas. Abde protagonizó la mejor oportunidad y Carvajal salvó el tanto cuando la pelota iba a entrar en la portería madridista.
Osasuna salió en la segunda mitad a echar el resto y consecuencia de sus aproximaciones a la meta contraria fue el gol de Torró quien remató desde fuera del área. El partido cobró nueva velocidad a la que se había relegado el conjunto del Bernabéu. El empate osasunista puso más ansias al Madrid y posibilitó que Rodrygo consiguiera la segunda diana que fue la del triunfo y que valió la Copa del Rey.
Fue gran final porque hasta el último instante el Madrid tuvo que conservar la ventaja y Osasuna luchó para buscar nuevo empate. En Pamplona la derrota no debe escocer demasiado. A fin de cuentas perdió un equipo hecho en casa, una plantilla que se fundamenta en lo que se crea en su ciudad deportiva.
Posdata. Arsenio Iglesias. “O bruixo” se ganó la admiración de toda la España futbolística. Fue el entrenador que llevó al Deportivo a lo más alto de su historia. Recordarle en todos los campos es justo porque se ganó honradamente el respeto general. Arsenio fue algo más que un hombre del deporte. Fue, fundamentalmente, hombre de bien.
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