Bruno Le Maire es un personaje de novela. Aparece en el último libro de Michel Houellebecq , 'Aniquilación' (Anagrama, 2022), bajo el nombre de Bruno Juge: el 'Alcalde' del apellido real se transforma en 'Juez' en el de ficción. Pero su función es la misma . Se trata del ministro de Economía y Hacienda del Gobierno francés, el de Emmanuel Macron , reelecto (en la realidad y en la novela) por un quinquenio el año pasado frente a la candidata del ultraderechista Rassemblement National, Marine Le Pen . Houellebecq anticipaba el odio que podría provocar en ciertos sectores esa reelección: en efecto, Bruno Juge es objeto de una amenaza de muerte por un misterioso grupo ecoterrorista. La amenaza se presenta bajo la forma de un dibujo terriblemente evocador: una guillotina, instrumento por esencia de la radicalidad de parte de la ultraizquierda, heredera de la Revolución Francesa, como lo proclama el 'insumiso' Jean-Luc Mélenchon , admirador y seguidor del 'terrorista' Robespierre, de los hermanos Castro, de Hugo Chávez y de los dirigentes populistas latinoamericanos, sin olvidar a sus compañeros de Podemos. Noticia Relacionada LIBROS estandar Si Los papeles de alta temperatura de Proust y compañía Sergi Doria Más allá de exhibir las intimidades eróticas de personalidades célebres, Bersihand remueve los rescoldos del género epistolar No es casualidad, pues, que el odio que provoca Bruno Le Maire se exprese en la calle, durante las manifestaciones, a menudo violentas, contra la reforma de la edad de jubilación (que ahora llega a los 64 años en lugar de los 62 de antes). Lo que es más sorprendente es que su blanco sea no tanto el ministro como el novelista , una característica que no apuntaba Houellebecq, aunque se sabe que los dos son amigos, sin duda por cierta proximidad literaria. Y Bruno Le Maire acaba de publicar una novela, 'Fugue américaine' ('Fuga americana') en la prestigiosa editorial Gallimard. Digamos enseguida que se trata de un libro importante y francamente bueno . No acostumbro a leer obras de políticos pero esta es particular: trata en gran parte de mi ciudad natal, La Habana. Una Habana cosmopolita, donde la cultura universal se daba cita, a veces incluso antes que en los Estados Unidos. Al inicio del libro estamos en 1949, bajo el Gobierno democrático de Carlos Prío Socarrás , quien fue derrocado en 1952 por Fulgencio Batista . Aquí Le Maire comete un error: habla del expresidente Prío Socarrás como de un «dictador en exilio» desde 1961, dos años después de la toma de poder por Fidel Castro en 1959. Prío se suicidó en Miami en 1977, después de haber anunciado su voluntad de hacer revelaciones importantes sobre el asesinato de John F. Kennedy en 1963 en Dallas. No murió «acribillado a balazos», como afirma el autor. En cuanto a Castro, el autor acaba con él de un plumazo, con una breve anotación: «El entusiasmo se ha esfumado: lo sustituye la nostalgia en los corazones de los herederos (unos cuantos locos) de la santa reliquia del comunismo cubano». Me complace imaginar que Bruno Le Maire ha encontrado la documentación necesaria para reconstituir esa Habana tan viva culturalmente, alejada de las consignas revolucionarias imperantes desde hace más de seis décadas, en algunos de los libros que he publicado sobre el tema, como 'La Habana 1952-1961. El fin de un mundo, el principio de una ilusión' (Alianza) o 'Los últimos días de Batista' (Verbum), en un erudito libro del musicólogo Marcel Quillévéré recientemente publicado en Francia sobre la historia musical y literaria de la isla, y también, 'last but not least', en 'Tres tristes tigres', de Guillermo Cabrera Infante . La trama del conjunto es musical. Dos hermanos ficticios, Franz y Oskar Wertheimer, este último convertido en narrador muchos años después, viajan a Cuba para asistir a un concierto del renombrado pianista (de origen ucraniano, no ruso: el autor insiste en este aspecto, en clara alusión a la invasión de Ucrania por las tropas rusas de Putin). Todos se alojan en el Hotel Nacional. Allí, Franz recibe una lección nocturna de piano, que paradójicamente acabará con su vocación de virtuoso, mientras Oskar se convierte a la vez en psiquiatra y confidente de Horowitz, profundamente impregnado en su pensamiento por el misticismo de un San Juan de la Cruz. La música aquí no es sólo clásica. Están Beethoven y Bach y Mozart , y Tchaikovsky y Shostakovich , pero también… Úrsula Hilaria Celia Caridad de la Santísima Trinidad Cruz Alfonso: Celia Cruz . Con un atrevido anacronismo, el autor la escenifica en un cabaret, cantando no sus temas de aquellos años sino sus últimas melodías, las de poco antes de su muerte en 2003, 'La vida es un carnaval' y 'La negra tiene tumba'o ', y estableciendo una relación íntimamente inolvidable que los que han tenido ocasión de verla recuerdan con cariño y emoción. Anacronismo Los protagonistas de 'Fugue américaine' son judíos, algunos fugitivos del nazismo. Recordemos de paso que, entre 1940 y 1944, bajo el primer Gobierno democrático de Batista, Cuba recibió a cerca de 14 000 refugiados judíos de Europa, entre ellos al padre de quien escribe estas líneas. Como es natural en el trópico, el sexo no puede faltar. Hay varios pasajes deliberadamente eróticos en el libro, con la siempre infiel Julia, pero también sobre la homosexualidad inconfesada de Horowitz, quien está casado sin embargo con Wanda, hija del director de orquesta Arturo Toscanini, de quien se ofrece un conmovedor retrato. El erotismo se presenta primero bajo los rasgos de una aventura intermitente pero duradera entre Oskar y Julia, una hermosa cubanita sin complejos, que le suelta: «¿Cuándo me vas a dar por el culo?», y luego le espeta, mostrándole su ano: «¿Vienes, Oskar? Estoy dilatada, más que nunca». Eso fue lo que causó sensación y escándalo. ¿Quién se hubiera podido imaginar que en la Francia del marqués de Sade , en el siglo XVIII, y de películas como 'Emmanuelle' o 'El último tango en París' de los años setenta, esas líneas pudieran ser objeto de repudio por parte de manifestantes radicales, de humoristas, de escritores? Me temo que el problema no tenga nada que ver con ser pudibundo como con ser extremista radical. Los que atacan a Le Maire son, en su mayoría, partidarios declarados de Mélenchon , como el escritor Nicolas Mathieu , premio Goncourt en 2018, quien escribió un pastiche del fragmento incriminado de Bruno Le Maire. Un texto insulso: no es Marcel Proust , autor de pastiches, aparte de 'En busca del tiempo perdido', quien quiere. Hay que precisar que ese premio Goncourt es también firmante, junto con la Nobel de Literatura de 2022, Annie Ernaux , aquella cuyo objetivo literario es, como lo proclamó en su discurso de Estocolmo, el de «vengar su raza» (una expresión infame que significa, según ella, defender algo parecido al proletariado), de una petición contra la reforma de la jubilación llevada a cabo por el presidente Macron y por sus ministros, entre ellos el de Economía y Hacienda. En suma, lo que habría podido ser nada más que una polémica literaria ha alcanzado dimensiones dogmáticas. Me temo que esos críticos no hayan querido leer más allá de las pinceladas eróticas y se hayan negado a adentrarse de lleno en la 'Fugue américaine' de Bruno Le Maire, una obra rica y evocadora, firmada por un escritor talentoso que es al mismo tiempo ministro. «Nobody's perfect» («Nadie es perfecto») podría escribir el autor, quien salpica su relato con frases enteras en inglés, alemán, italiano, latín y español de Cuba.