51 años sin Clara Campoamor: mujer pionera, activista comprometida
En las elecciones de 1931 fue elegida diputada por Madrid (en ese momento las mujeres podían ser elegidas, pero no electoras). Solamente habrían dos mujeres más en ese Congreso de los Diputados. A partir de entonces formaría parte del equipo que elaboró el proyecto de la Constitución de la República, luchando por establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio y el sufragio universal, llamado entonces voto femenino. Lo consiguió todo, excepto este último, que tuvo que debatirse en las Cortes. Finalmente consiguió que el sufragio universal fuera aprobado por 161 votos a favor y 121 en contra. El motivo de ese éxito recayó principalmente en el discurso de Campoamor, con fragmentos como el siguiente: “Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras”.
[[QUOTE:PULL|||"No podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras"|||Clara Campoamor]]
En 1933 no consiguió renovar su escaño y abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA (la coalición de partidos de la derecha), pero tampoco encontró lugar en la Izquierda Republicana, que le reprochaba la victoria conservadora de 1933 al haber permitido el voto femenino. No recibió disculpa alguna cuando el Frente Popular (de izquierdas) ganó las elecciones en 1936, donde también participaron las mujeres. Tras el golpe de Estado perpetrado por militares del 36 y durante la victoria franquista, se abrió un proceso contra ella acusada de masona, por el que habría sido condenada a doce años de cárcel de haber regresado a España, se exilió. Regresó, inundada de tristeza, a Buenos Aires y durante su exilio compaginó sus empleos con la escritura de diversas obras sobre feminismo y sobre su experiencia en el ámbito político. Tras casi media vida en el exilio, siempre añorando España, murió ciega en la ciudad suiza de Lausana.
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