¡Cuidado con la cesta francesa!
Segunda idea: en este contexto es lógico que los consumidores reclamen medidas; ahora se habla mucho de lo que se ha hecho en Francia, donde varias cadenas importantes de la distribución han decidido poner topes en los precios de algunos productos. Así, a primera vista, y desde la óptica de los consumidores, es una buena noticia. Sin embargo, esta medida encierra algunos peligros. Por ejemplo, y dado que en Francia también se vive una situación similar a la que se registra en España, con importantes subidas de los precios en origen, ¿hasta cuándo aguantarán con esos precios topados, aunque sea de forma voluntaria, los hipermercados galos? Otra cuestión: ¿van a empezar a presionar los distribuidores franceses hacia abajo, es decir, a la industria agroalimentaria y, al final o principio de la cadena, según se mire, terminarán llegando las bajadas al precio percibido por los agricultores y ganaderos? Ojo, porque esta medida, si se aplica en España, corre el riesgo de provocar efectos perversos, porque agricultores y ganaderos abandonarían la actividad, al no poder hacer frente a los incrementos de costes. Eso supondría nuevos recortes de la reducción de la producción (véase lo sucedido con la leche estos últimos meses), lo que provocaría en el futuro y a no tardar mucho nuevas subidas de precios. Muchos alimentos básicos van a ser más caros y hay que decírselo claramente el consumidor.
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