‘Hubiéramos querido rescatarla con vida’ dice socorrista que atendió deslizamiento donde murió asistente del CeNAT
La muerte de Mariana Ávila Ruiz, la joven asistente de investigación del Centro Nacional de Alta Tecnología (CeNAT), a quien le cayó una gran masa de tierra en Tabarcia de Mora, ocurrió casi de forma inmediata.
Así lo afirmó el jefe de socorristas de la Cruz Roja en esa escena, Francisco Jiménez Rubí, quien indicó que aunque duraron solo 18 minutos en llegar al sitio desde que se les dio la alerta, a las 2:37 p. m. de este martes, ya era imposible rescatarla con vida, pues estaba a más de cuatro metros de profundidad y se desconocía el punto exacto.
“Hubiéramos querido rescatarla con vida, pero al menos pudimos entregar el cuerpo a la familia y que así le puedan realizar un digno funeral”, expresó.
Según el Instagram del CeNAT, Mariana se desempeñaba como asistente de investigación y logística en el laboratorio PRIAS, como parte del equipo científico de alto desempeño en estudios geológicos.
Trabajaba en el procesamiento de datos para una biblioteca de firmas espectrales y colaboraba en inventarios de equipo avanzado. Además desarrollaba programas para el manejo y el levantamiento de datos a partir de vuelos fotogramétricos con aeronaves no tripuladas, pilotadas desde una estación a distancia.
La Escuela Centroamericana de Geología de la Universidad de Costa Rica (UCR) informó que la otra persona que resultó afectada en el accidente de Tabarcia fue el profesor José Federico Rivera Flores, de 30 años, vecino de Moravia, quien está fuera de peligro.
Rivera es profesor de esa Escuela y se encontraba apoyando las labores de campo de la estudiante Andrea Hidalgo Piedra, quien realiza su tesis de licenciatura sobre la neotectónica de la falla Jaris, en el cantón de Mora.
Hidalgo obtuvo una beca del CeNAT para su investigación, de modo que, como contraparte, esa instancia participó en la gira del martes, donde ocurrió el desprendimiento de tierra.
La oficina de prensa del CeNAT se dedicó este martes a apoyar a la familia de la víctima, por lo que todavía no se han referido al caso.
El padre de la joven fallecida, Gerardo Enrique Ávila, estaba muy dolido y a las 4:30 p. m. dijo que prefiría no referirse al deceso.
Un rescate de alto riesgo
Según el cruzrojista Francisco Jiménez Rubí, cuando llegaron a esa finca privada, que está a 200 metros de la iglesia de Corralar de Tabarcia, se pidió el equipo especializado para esas faenas y comenzaron labores que duraron casi cuatro horas hasta rescatar al cuerpo y entregarlo a autoridades judiciales.
Días atrás había llovido durante las tardes en esa zona. Los socorristas temían que lloviera otra vez pues eso aumentaba el riesgo.
“Estábamos corriendo por una situación de clima y por las irregularidades del terreno. La zanja estaba al pie de una loma. Tenía unos seis metros de profundidad por 20 metros de de largo y casi un metro de ancho, similar al ancho de la pala de la retroexcavadora que fue usada para la exploración científica”, dijo el socorrista.
Además de la fallecida, unas cinco personas relacionadas con la gira estaban al momento de la tragedia en esa zona, por donde corre la falla tectónica. En esa investigación participan la UCR, la Municipalidad de Mora y el CeNAT
A ambos lados de la excavación se apilaba el material que habían sacado con la maquinaria, cuyo peso ejercía cierta presión hacia la zanja.
Los compañeros de la víctima dijeron a los socorristas que ella estaba recolectando muestras en la falla y en eso ella quedó atrapada, al pie de la escalera.
El profesor que iba bajando cuando ocurrió la emergencia quedó aprisionado desde la rodilla hacia abajo, pero lograron ayudarle y pudo salir. Solamente presentaba un golpe en la rodilla y una herida en un dedo. Se le trasladó para valoración en una ambulancia al Centro de Atención Integral en Salud (CAIS) de Puriscal.
Los socorristas empezaron a desenterrar la zanja hasta que llegaron a la parte superior de la escalera enterrada y luego llegaron hasta el casco de la muchacha, quien quedó en posición vertical. Ahí confirmaron que ya no presentaba signos vitales, pues para entonces tenía casi una hora de estar sepultada.
En la operación no se usó maquinaria porque el protocolo de seguridad más bien dispone hacerlo con picos y palas para evitar vibraciones que puedan generar un mal mayor. Fue así como se pudo rescatar el cuerpo de la joven.
Para desarrollar ese rescate, el personal especializado de la Cruz Roja, con ayuda de Bomberos, aseguró con paneles de madera las paredes de la zanja, para prevenir que otro eventual deslizamiento afectara a los rescatistas, o que pudiera arrastrar el cuerpo de la víctima a otro punto.
Según Jiménez, el terreno era duro y presentaba grietas en las paredes. La labor también exigía coordinar hidratación, relevos y asistencia a los socorristas debido al desgaste.
“Es un trabajo de hormiga, de escarbar y llenar baldes con tierra que se sacan del sitio una y otra vez hasta poder liberar la víctima”, explicó Jiménez.
El cuerpo de la joven se entregó al OIJ a las 6:40 p. m. por lo que luego de una rápida inspección en el sitio, a eso de las 7:20 p. m. se ordenó el levantamiento y traslado a la morgue judicial. El mando de operaciones de la Cruz Roja, se levantó a las 8 p. m.
Jiménez se mostró dolido porque era una persona de apenas 18 años, que estaba comenzando en su trabajo y con metas de estudiar en ese campo.
El socorrista, quien tiene 16 años en la Cruz Roja, solo recuerda haber participado en rescates similares en el terremoto de Cinchona, donde los deslizamientos dejaron muchas víctimas.
El 18 de febrero, en otro accidente, un estudiante de posgrado en Biología de la UCR perdió la vida mientras realizaba labores de buceo como parte de una pasantía estudiantil en el proyecto Misión Tiburón, en el golfo Dulce, Golfito.
Se trató de Marco Andrés Rodríguez Arias, de 24 años, quien fue hallado dos días después entre playa Cacao y la isla de Puntarenitas, Golfito.
Aparece cuerpo de joven buzo desaparecido en aguas de Golfito