El TSE debe ver hacia México
La ligereza y arrogancia con la cual el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) evade la ley de empleo público es inadmisible por tener origen, precisamente, en una institución que se sustenta en la credibilidad y el respeto a nuestro marco jurídico. Esa burla a la reforma que entra en vigor este 10 de marzo, lamentablemente, puede convertirse en un disparo al pie, si sus enemigos, sus difamadores, la aprovechan.
La decisión de los magistrados electorales de declarar el 100 % de los puestos del TSE como “exclusivos y excluyentes”, es decir, que todos quedan fuera de la rectoría del Ministerio de Planificación (Mideplán), desconoce el fallo de la Sala Constitucional, la cual sentenció que el Mideplán tendrá la potestad de fijar los salarios de puestos comunes en el Estado, como choferes, secretarios, guardas y otros.
Es imposible, como lo intentan los magistrados electorales, defender que las personas que cumplen estas funciones en el TSE merecen ser exoneradas de la ley por “exclusivas”, cuando no hay ninguna diferencia con respecto a lo que hacen otros trabajadores, en otras entidades, hasta con menores salarios. Esta exención que se arroga el Tribunal es un mal ejemplo para otras entidades y también atenta contra un esfuerzo del país por reducir el gasto y la deuda pública por medio de la creación de un salario global que ordenará el caos causado por las disparidades salariales entre instituciones.
Suponer que el TSE es intocable en cuanto a restricción de gasto es peligroso. Un populista —con el descrédito y la polarización como armas— bien puede unir fuerzas y debilitar al órgano electoral con pretextos como su “alto costo” o “privilegios”. Lo hizo Manuel López Obrador, en México, donde debido a su popularidad manipuló para socavar al Instituto Nacional Electoral (INE) al presentarlo como “el más caro del mundo” y, así, pasar una reforma que le cercenó gasto y supervisión electoral.
Muchas vidas costó la guerra civil de 1948 y llegar a constituir un año después el TSE, para que los magistrados de turno tomen decisiones facilistas que en nada blindan a un organismo que es garantía de paz y democracia. Gran daño les hacen al TSE y al país.
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El autor es jefe de Redacción de La Nación.