Ecocomunistas y heteropatriarcales: teorías sobre «Los pitufos» cuando cumplen 65 años
La agenda 2030 no respeta ni a «Los pitufos». Solo les falta ya un pitufo racializado, uno transexual (el Pitufo Vanidoso sería más bien metrosexual) y uno ecodeprimido. Puestos a sacarles pegas, lo tienen a huevo los patrulleros de lo políticamente correcto: el que manda ahí sigue siendo Papá Pitufo (el heteropatriarcado es fuerte en la aldea pitufa) y Pitufina solo hay una (aquí, ni cuotas ni nada). Una vez hubo pitufos negros, pero era porque se volvían malos (además de negros) por el picotazo de un bicho, lo que los convertiría ahora mismo en racistas pese a ser todos azules. Era, más que un tema de inclusión, la versión pitufa de un holocausto zombie.
No es que quiera dar ideas a las hordas bienpensantes, no se me malinterprete. Yo estoy a favor de que unos seres que no existen tengan sus propias reglas y manías. Y, puestos a criticar, me parece peor que esta sea una aldea sin elecciones libres, donde se hace lo que dice el señor de la barba por sus santos pitufos y cada uno desempeña un trabajo asignado para la comunidad. Y no hay propiedad privada. ¡Ni un Corte Inglés! Eso bien podría ser una dictadura comunista. Un totalitarismo. Uno muy azul, muy cuqui y muy ecosostenible, eso sí. Que viven todos en setas biodegradables. Pero prefiero destacar, desde mi obstinado respeto por la libertad creativa, que un producto infantil como este se dedique a divulgar valores como la amistad, la solidaridad y la diversión antes que a alinearse con la causa justa del momento. Que para moralejas ya tenemos a Esopo.
También es cierto que todo el mundo comete errores y el de los pitufos fue el Padre Abraham, es justo decirlo. Pero si hasta Jesulín tuvo su propio disco, por qué no iban a tenerlo los pitufos. Y es que son ecocomunistas pero no tontos y alrededor de su figura han montado (no ellos, que no existen, pero sí los herederos de Peyo) todo un merchandising que no se limita a sus aventuras en cómics o dibujos animados, sino que abarca desde la ropa y material escolar a la alimentación, figuritas, videojuegos… Negociazo. 65 años ya, tan chiquiticos y azules como el primer día, huyendo del malísimo Gargamel y su gato Azrael, que, como el Coyote con el Correcaminos, no desiste en su empeño por atraparlos pero tampoco consigue nunca lograrlo. Que pitufen muchos más.
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