El Imperio Romano en España: 10 destinos para recordar la vieja Hispania
El Imperio Romano estuvo presente en la península ibérica durante siete siglos, desde que en el año 218 a.C. hiciera su entrada desembarcando en Ampurias hasta que en el siglo V d.C. llegasen los Visigodos tras la caída del Imperio Romano de Occidente en 476. Durante este tiempo la península se nutrió de una completa red de calzadas y de numerosas ciudades, de mayor o menor tamaño, de las que en muchos casos dieciséis siglos después siguen quedando importantes restos arqueológicos.
Todos conocemos algún que otro elemento de aquella Hispania romana, e incluso muchos vivimos sobre lo que antiguamente fueron importantes ciudades levantadas por los romanos. En muchos casos utilizamos trazados marcados por ellos, como la Vía de la Plata o la Vía Augusta, y en muchos otros tenemos tan normalizado pasar junto a edificaciones de dos mil años de antigüedad, que casi ni reparamos en ellas. Restos romanos en España hay muchos, muchísimos, pero para que no se nos escapen algunos de los principales destinos romanos que podemos visitar a día de hoy, te proponemos diez de los más importantes vestigios de aquella época en la que Hispania brilló con todo su esplendor.
Si hay que elegir un destino español en el que el Imperio Romano brille de forma especial, ese es sin duda Mérida, en Extremadura. Y es que aunque muchos de los restos de lo que fue Augusta Emérita, capital de la provincia de Lusitania, permanecen bajo la ciudad actual, su anfiteatro, su puente, su circo, sus templos y las viviendas que han salido a la luz, nos hablan de un pasado de esplendor. Mención especial merecen su teatro, espectacularmente bien conservado y en el que desde hace ya casi 70 años se celebra el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, así como el Museo Nacional de Arte Romano, un lugar imprescindible en Mérida.
Segovia es su acueducto, de eso no hay duda, y no hace falta haber estado para saber que eso es así. Es el símbolo de la ciudad, lleva en pie desde principios del siglo II d. C. y su función era la de transportar agua desde el arroyo de la Fuenfría, a 17 km de la ciudad. Su arcada mide casi 30 metros de alto y los sillares de granito están simplemente superpuestos uno sobre otro, sin ningún tipo de argamasa. Y ahí sigue casi dos mil años después.
Tarragona es el corazón del legado romano en Catalunya. La Tarraco romana fue capital de la provincia de Hispania Citerior y en el siglo II d.C. vivió un verdadero apogeo que la convirtió en una rica y próspera ciudad. Hoy podemos visitar parte de su muralla romana, el foro, el circo que tuvo capacidad para 25.000 espectadores y el anfiteatro en el que cabían otros 14.000. A 3,5 km de la ciudad se encuentra el acueducto de las Ferreres, o Puente del Diablo, originario del siglo I a. C. y en excelente estado de conservación.
A unos 22 km de Tarifa, en la ensenada de Bolonia, se encuentran los restos de la ciudad marítima de Baelo Claudia, fundada a finales del siglo II a.C. por el Imperio Romano. Fue un importante centro económico en el área del Mediterraneo y todavía hoy podemos apreciar restos de sus calles, el foro, los templos, la curia, los tribunales, las tiendas, las viviendas, un acueducto o las alcantarillas. En verano su teatro acoge el Festival Anfitrión con representaciones durante el mes de agosto.
Ojo a Las Médulas, porque es el único yacimiento romano del que te vamos a hablar en el que no encontrarás una edificación. Las Médulas, ubicadas en El Bierzo, en la provincia de León, fueron la mayor mina de oro a cielo abierto del Imperio Romano. Su explotación se mantuvo durante unos 250 años y el paisaje quedó modificado para siempre. Hoy sus montañas rojizas pueden ser un interesante destino para aprender cómo los romanos empleaban el agua para demoler enormes cantidades de tierra y así buscar el oro entre el barro.
El Parque Arqueológico de Segóbriga es uno de los conjuntos arqueológicos romanos más importantes de la meseta. No hay ninguna nueva ciudad que cubra los restos de la antigua Segóbriga, por lo que es perfecta para comprender la disposición de las ciudades romanas y su arquitectura. Su teatro es uno de sus monumentos más sobresalientes, pero también se conserva parte de su muralla, las termas, el foro, el aula basilical, diferentes casas y el anfiteatro, en el que pudieron sentarse unos 5.500 espectadores.
En Santiponce, a 10 minutos de Sevilla, se encuentran los restos de Itálica. De ella no solo llama la atención su anfiteatro, el trazado de sus calles, sus edificios públicos y privados, sus ricos mosaicos o su teatro donde en verano se siguen llevando a cabo representaciones, sino que fue ciudad de emperadores romanos. En Itálica nacieron Trajano y Adriano, dos de los tres emperadores romanos nacidos en Hispania, y aunque se puede visitar una gran porción de la ciudad otra gran parte descansa bajo el actual municipio de Santiponce.
La muralla romana de Lugo es la única del mundo que se conserva entera. Por eso y por su belleza, como tantos otros monumentos romanos, es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fue construida hace más de 17 siglos, tiene un perímetro de 2 km y consta de 10 puertas. Conserva 71 de las 85 torres que llegó a tener y en algunos tramos alcanza los 7 metros de ancho, por lo que se convierte en un agradable paseo desde donde obtener algunas de las mejores vistas de la ciudad. La leyenda dice que los romanos la construyeron no para proteger la ciudad, sino el Lucus Augusti, el Bosque Sagrado de Augusto, de donde proviene el nombre de Lugo.
La Torre de Hércules es uno de los símbolos más característicos de Coruña, y es que ahí donde la ves se trata de uno de los faros romanos más antiguos del mundo, y que además sigue estando en funcionamiento. Fue construida por los romanos en el siglo I d. C. y aunque en origen era más baja y más ancha, la reforma que se llevó a cabo en el siglo XVIII conservó y además realzó los restos romanos del monumento. A la entrada del faro verás los restos de los cimientos originales, así como una inscripción latina donde se indica el nombre del arquitecto, Gaio Sevio Lupo.
Y por último, después de ciudades y construcciones monumentales, queremos reparar en dos grandes mansiones rurales ubicadas en la provincia de Palencia: La Tejada y La Olmeda. Llaman la atención por la riqueza de sus mosaicos y sus numerosas estancias, en las que se puede apreciar a la perfección el sistema de calefacción bajo el suelo, o hypocaustum. Para hacernos una idea de su grandiosidad nada mejor que un par de datos: la villa de La Olmeda tiene una extensión de 4.400 m2, con 35 habitaciones, de las que 26 están decoradas con 1.450 m2 de mosaicos conservados in situ.