Cuando Vicente Aleixandre dijo de Luis López Álvarez que era «un poeta muy castellano, uno de los más castellanos que existan en nuestra lengua» no se refería al lugar donde había nacido (La Barosa, 1930). El nobel hizo esta aseveración en 1972, en las 'palabras preliminares' que introducían la primera edición del poema 'Los Comuneros' del poeta berciano. En el momento en que Luis López Álvarez nació, la pedanía de La Barosa pertenecía a León y León no era Castilla, era la Región de León, lo mismo que en 1972. Quizás ni aún hoy León sea Castilla, con esa 'y' que le une a la región histórica «de límites imprecisos» y «corazón partío». Sin embargo, Aleixandre tenía razón. Fue ese romance épico de la gesta comunera lo que hizo a su autor López Álvarez (92 años hoy) el poeta «más castellano» . En el poema se narra la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522). Reinaba por entonces Carlos I de España (1516-1556), que luego sería V de Alemania, o sea emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el título más deseado de los reyes europeos. Precisamente fue la presión fiscal a la que sometió a las ciudades de la Corona de Castilla para conseguirlo, el abandono del territorio, el jurar y no acatar, el recurso a los sobornos y la avaricia de los extranjeros que trajo con él lo que provocó la rebelión. Carlos venía de Flandes, condado del que procedía su padre Felipe el Hermoso casado con nuestra Juana, auténtica heredera de la Corona de Castilla a la muerte de Fernando el Católico en 1516 y que, loca o no, fue encerrada sucesivamente por su padre, su marido y su hijo durante 46 años en Tordesillas resultando su título sólo nominal. Los comuneros reivindicaron a la que consideraban su toledana reina en vano y aunque lucharon denodadamente contra el Habsburgo, finalmente perdieron la batalla. De haberla ganado, quizás hubiera sido la 'Revolución Española de 1520', dos siglos y medio antes que la 'Revolución Francesa de 1789' y podría haber cambiado la Historia de España y Europa . Pero no fue así y sus líderes - Padilla en Toledo, Bravo en Segovia y Maldonado en Salamanca - fueron decapitados tras la batalla que perdieron en Villalar en abril de 1521. Otros, como el obispo Acuña, fueron encarcelados, aunque más tarde moriría también. Pero la guerra no acabó ahí, lo hizo en febrero de 1522. Sí. Hubo una 'aldea gala' que resistió seis meses más al mando de María Pacheco , la esposa de Juan de Padilla: Toledo. Toledo fue el principio y el fin de la Guerra de Comunidades y su capitán general, el hidalgo (baja nobleza) Juan de Padilla, ya aparece en el inicio del poema, donde Carlos I es informado al embarcar para Alemania: 'En Toledo los vecinos/se han llegado a sublevar/los regidores (alcaldes) reunidos/formaron Comunidad. /Los toledanos afirman/que solos se regirán/y han elegido una Junta/que preside un capitán/es su apellido Padilla/pero su nombre es Don Juan'. Se narra cómo el pueblo echa al corregidor (funcionario del Rey) del Alcázar. Desde Toledo se escriben cartas a otras ciudades para que elijan representantes. En Ávila se reúne la Junta y nombra a Padilla general de los ejércitos comuneros. A partir de ahí son muchas las vicisitudes por las que pasa nuestro capitán hasta su muerte en Villalar, retratado en el poema como el más guerrero, el más valiente y el más querido por el pueblo: 'solo a Padilla queremos, es Padilla nuestro jefe/ que al mismo rey le venciera/ si el mismo rey batallara' . Así, se narra su entrevista con la toledana Reina Juana en Tordesillas, el enérgico rechazo a aceptar una amnistía para él y su esposa propuesta por el rey, el envío de tropas a Burgos y Valladolid en defensa de la causa comunera, su espectacular triunfo en la batalla de Torrelobatón que enciende al pueblo, la traición de Pedro Girón (capitán de Valladolid) y Lasso de la Vega (hermano de Garcilaso) y la fatal y definitiva pérdida de la batalla de Villalar, con cientos de soldados muertos, miles de apresados y la captura y ejecución de sus líderes. Cuando Padilla es vencido en Villalar escribe dos cartas, una a su esposa y otra a la ciudad de Toledo en la que nació: 'A ti, corona de España/y luz de toda la Tierra, /desde los godos altivos/de libertades cubierta, /Juan de Padilla, tu hijo, /te anuncia que en esta fecha/con la sangre de su cuerpo/va a refrescar tu entereza. / En el trance que le aguarda, /un consuelo le sustenta: /que siendo el menor de los tuyos/ha de ser quien por ti muera' . Poco después fue decapitado allí mismo. Y el fin de la Guerra de las Comunidades también lo protagonizará Toledo de la mano de María de Pacheco , esposa de Padilla. Cuando recibe la carta no se amilana: 'El hijo que lleva en brazos/no le impide andar erguida. /A lo largo del camino/el pueblo forma dos filas. /Callan unos, otros lloran. /El cortejo va al Alcázar /en que Toledo culmina, /y en su interior se hace fuerte/la viuda de Padilla. /Sola se yergue Toledo/resistiendo por Castilla. /Hasta seis meses prolonga/Toledo su rebeldía' . Finalmente, María Pacheco huye a Oporto. El rey firma su sentencia y exige que quemen su casa (en la actual Plaza de Padilla) y siembren la tierra con sal para que allí nada crezca: ' Nunca más verá Toledo, /nunca más a su ciudad. / Porque la siente a su espalda, / no quiere mirar atrás' . En las últimas páginas del libro el autor vaticina el futuro de Castilla tras la derrota y se lamenta por ello: 'Desde entonces ya Castilla/no se ha vuelto a levantar/ siempre añorando una Junta o esperando un capitán' . Efectivamente, Luis López Álvarez no es un mero narrador en su bello (a mí me lo parece) romance, se involucra en la defensa de la causa comunera y carga contra aquellos que acabaron con su líder toledano: 'Malditos sean aquellos/ que firmaron la sentencia / y la maldición alcance/ a toda su descendencia, / que herederos suyos son/ los que ajusticiar quisieron / al que luchó por el pueblo / y perdió su justa guerra'. La trayectoria de este poeta es muy importante a pesar de su olvido: es diplomado en Periodismo, en Ciencias Políticas y en Sociología del Arte por la Sorbona, trabajó durante años para la Radio Televisión Francesa en París y en el Congo, donde defendió las libertades y su independencia frente al colonialismo, asesorando al primer ministro Patrice Lumumba y al presidente Laurent Kabila, ambos finalmente asesinados; fue funcionario internacional de la Unesco, profesor y catedrático en universidades de Latinoamérica, coordinador de los programas internacionales de la Complutense. Ha escrito poesía, ensayo y novela . Él dice, sin embargo, que sólo es poeta, y que lo demás son 'adjetivos'. El éxito de Los Comuneros, musicalizado en los setenta por el 'Nuevo Mester de Juglaría' ha ensombrecido su otra obra. Todos los años se canta el poema en Villalar en las conmemoraciones de la batalla el 23 de abril. Sin embargo, mientras que el movimiento comunero ha tenido bastante apoyo en Castilla y León, son muchas las voces que reclaman eso para Castilla-La Mancha y para Toledo. La toledana Engel de la Cruz , que ha debutado este año en el mundo editorial con el libro 'Comuneros' como homenaje al 500 aniversario del movimiento que estamos celebrando en 2021 y 2022 se lamenta así del poco entusiasmo local: «en Castilla y León lo celebran, van todos los años a Villalar, marchan con los pendones morados, cantan el Canto a la Esperanza (himno no oficial comunero con letra de López Álvarez). No me parece mal que celebremos Alfonso X, pero no entiendo que no celebremos a los comuneros , tratamos muy mal a nuestro pasado». Incluso la estatua a Juan de Padilla levantada en 2015 en la plaza de Padilla, fue por iniciativa privada, concretamente de la Fundación Soliss, que también la financió. Engel demanda otra estatua para su esposa: «fue una mujer empoderada», que arriesgó su vida por la causa, sin necesidad de hacerlo, ya que pertenecía a la Alta Nobleza, protegida por el rey. Desde que Alfonso VI proclamara en 1085 a Toledo capital del Reino de Castilla, hasta que Felipe II en 1561 cambió la Corte a Madrid, Toledo fue cuna de reyes castellanos, referente cultural, intelectual , de convivencia, comercial, y religioso de Europa. Un hombre brillante, gran poeta, de mucho mundo, castellanista sin par sin ser castellano, toledanista ejemplar sin ser toledano , cantó a la Toledo rebelde, que también hizo historia. ¿Entonces, que fue lo que pasó?, ¿Tú oíste hablar de él? Yo no. Pues no sé. Oye, ¿Y no será que se metió en política? Ah, pues eso va a ser, ahora que lo dices, porque Umbral, que lo conoció en Valladolid a donde se trasladó su familia siendo niño, dijo de él en 1995: «entre el cafarnaúm electoral de estos días, he encontrado un hombre puro, un único justo , que es mi paisano Luis López Álvarez, quien ha fundado el partido Castilla Comunera y se presenta a la presidencia de Castilla la Vieja (llamemos a las cosas por su antiguo y entrañable nombre), para salvar la castellanía, entre tanto folklore periférico, como si Castilla no fuera la madre de un idioma universal . Gracias Luis».