Han pasado ya cuarenta años desde que Beuys comenzó la plantación de los siete mil robles en Kassel (1982), la 'ecológica' continuación de sus cien días en apoyo de la democracia directa (1972). Aquella defensa de que «todo hombre es un artista» se ha transformado, mal que pueda pesarle a los nostálgicos de la contracultura, en un mantra neoliberal. Podemos ampliar la tergiversación de Documenta si recordamos que esa exposición quinquenal se inició en 1955 justamente el mismo año de la apertura de Disneyland. Los alemanes querían, entre otras cosas, suturar las heridas que el nacionalsocialismo había infligido a la cultura, enterrar la infame noción de «arte degenerado» y recuperar el impulso vanguardista, aunque fuera en clave 'museal', mientras que el imperio de Mickey Mouse ofrecía entretenimiento para toda la familia cuando el consumo comenzaba a modelar el mundo. Catástrofe... planetaria La Documenta 15 de 2022 parte de la crisis o incluso de la catástrofe planetaria, poniendo en cuestión la inercial «ideología del genio artístico» y también el papel «patriarcal» del comisario. Ruangrupa, el colectivo indonesio que comisaria esta muestra, declaró que «si la Documenta se lanzó en 1955 para curar las heridas de la guerra, por qué no deberíamos centrar Documenta 15 en las heridas de hoy, especialmente las que tienen sus raíces en el colonialismo, el capitalismo o las estructuras patriarcales, y contrastarlas con modelos basados en asociaciones que permiten a las personas tener una visión diferente del mundo». A partir de una invitación cursada a catorce colectivos de artistas, fueron creando una suerte de rizoma que ha terminado por implicar a unos 1.500 artistas. La Alemania mestiza. En la imágenes, distintas propuestas de la edición 15 de Manifesta La pregunta que da título al vídeo de Marwa Arsanio «¿Quién tiene miedo a la ideología?» puede funcionar como línea de fuga de los procesos desplegados en Documenta, que funciona, en cierto sentido, como una «estética asamblearia». La palabra 'lumbung' es también clave, aludiendo a la necesidad de colectivizar o redistribuir los recursos, en una defensa de lo común frente a las dinámicas mercantiles que generan neo-esclavismo y extrema pobreza. Entre las intervenciones de este «caos del 'Do It Yourself'», tal y como lo ha calificado Nadine Khalil en la revista 'Frieze', destacan la pista de 'skate' del colectivo tailandés Baan Norg , las banderolas de *foundationClass* en las que llama la atención sobre la emigración en Alemania, los debates activados por Tania Bruguera sobre la represión en Cuba, el taller de diseño colaborativo de los tunecinos El Warcha, la guardería que ha montado la brasileña Graziela Kunsch o el puente que ha construido Santigo Cirugeda con el estudio Recetas Urbanas sobre un edificio de alquiler de botes en la ribera del río Fulda. A pesar del enorme esfuerzo para ir más allá de la 'ludificación' de la estética relacional, la experiencia de esta Documenta puede llevar a cierta «exotización del antagonismo» y a una dificultad para participar en debates tan particulares cuando se está haciendo propiamente un 'recorrido artístico'. Lo más triste, sin ningún género de dudas, es que el debate que ha marcado el destino de este impulso colectivo sea la censura de la obra 'Justicia popular', del colectivo Taring Padi, acusada de antisemitismo, acarreando la dimisión de Sabine Schormann, la directora general de Documenta, y la protesta de Hito Steyerl retirando la suya propia. Todo queda en casa También por su lado, Manifesta invita a bastantes colectivos, aunque lo más llamativo es que, en esta edición celebrada en Pristina, casi el 40 por ciento de los participantes son artistas kosovares a los que hay que añadir 16 del área de los Balcanes orientales. También participan, entre otros, Adrian Paci, Ugo Rondinone, Chiharu Shiota o Roni Horn , y cuatro catalanes ( Lúa Coderch, Luz Broto, Núria Güell y Werker Colective ), apoyados por el Instituto Ramon Llull. Conviene recordar que España no reconoce Kosovo como estado independiente y que, tal vez, eso haya llevado a Catherine Nichols , calificada como «creative mediator», y Hedwig Fijen , la directora y fundadora de Manifesta, a no pensar en otros artistas de un Estado «enemigo», salvo si forman parte del ecosistema artístico de Barcelona, ciudad donde se celebraría la siguiente parada de la «bienal nómada». El embarullado título de «It's Matters what Worlds World Worlds: How to Tell Stories Otherwise» sirve para aproximarse a la crisis climática, la desigualdad, la crispación de nuestro mundo, subrayando la necesidad del compromiso social, aludiendo vagamente a la sostenibilidad y tomando en cuenta la alarma ecológica. En el corazón herido de Los Balcanes. Distintas intervenciones en Pristina, sede de esta edición de Manifesta en Kosovo Las actividades expositivas, narrativas y conversacionales se dispersan por toda la capital kosovar, reutilizando espacios abandonados como una antigua fábrica de ladrillos o edificios infrautilizados como un hotel o la Biblioteca Hivzi Sylejmani, que se edificó en los años treinta del siglo pasado, utilizándose también la Galería Nacional o el Museo de Kosovo, animando también a los peripatéticos del arte a adentrarse en el cementerio de los partisanos, los espacios de la Facultad de Filosofía o unos almacenes. El estudio del arquitecto Carlo Ratti, con la colaboración del Senseable City Lab del MIT , ha planteado un proyecto urbano, implicando en un modelo de «urbanismo de código abierto» a los ciudadanos, lo que lleva a recuperar ciertos enclaves públicos, proponiendo la peatonalización de algunas calles de la capital o buscando la construcción de viviendas públicas baratas. Un trágico destino La intervención de Luz Broto en Manifesta consiste en intercambiar copias de llaves de casas con ciudadanos kosovares que, para viajar, necesitan visado. Este gesto de 'utópica hospitalidad' tal vez tenga como trágico destino que, como en la película 'Road to perdition', ya no exista eso que llamábamos casa. El 'Gran Tour' de los eventos del arte no serviría en ningún sentido para curar la melancolía, ni siquiera 'la leche de los sueños' servida en la Bienal de Venecia haría que desapareciera la enorme sensación de fracaso. De Kassel a Kosovo seguiríamos experimentando un mundo recalentado en el que habrá que recuperar un coraje extraordinario para construir algo común o para evitar alimentar el resentimiento tan característico de esta era del «individuo tirano».