Giuliani, el derrumbe de un mentiroso
MIAMI, FL.- Mentirle deliberadamente a su país con la historia del “fraude” no ha quedado impune: el estado de Nueva York le suspendió la licencia de abogado a Rudolph Giuliani.
Por inventar que hubo fraude electoral en Estados Unidos, Giuliani no podrá ejercer la abogacía por tiempo indeterminado.
La suspensión al abogado en jefe de Donald Trump es el primer gran paso para castigar al expresidente y su perverso rechazo al resultado electoral, con base en mentiras.
Mentir con la payasada del “fraude”, deslegitimar a las instituciones y envenenar a la sociedad estadounidense con falacias para no asumir un resultado adverso, tiene consecuencias.
El fallo no fue político, sino que lo emitió el comité de jueces de la División de Apelaciones de Nueva York.
De 33 páginas, la resolución expresa en su parte medular: “Estas declaraciones falsas se hicieron para reforzar indebidamente la narrativa de que, debido al fraude electoral generalizado, a su cliente (Donald Trump) le robaron la victoria en las elecciones presidenciales de 2020. Concluimos que la conducta del demandado (Giuliani) amenaza inmediatamente el interés público”.
Las democracias y las instituciones deben protegerse, y no dejarlas a merced de los caprichos de un político megalómano y su corte de fanáticos y destructores.
Para personajes como Trump, que buscan el poder a cualquier costo, es indispensable crear slogans que resulten creíbles a una parte de la sociedad, sin necesidad de ser discutidos por la vía de la razón.
Tapan con emblemas y estribillos una derrota, para que no se abolle su reputación de invencibles semidioses.
Y que nada pase por el cedazo de la razón, sino que muevan emociones.
Esto es así porque lo digo yo. Hubo fraude porque lo digo yo. “Todo el mundo lo sabe”.
Así mantienen su popularidad, gracias a la victimización ante la sociedad. Para ser seguido y endiosado, primero hay que ser mártir.
Nada por la vía de la razón, de los argumentos, de la discusión fundamentada. Hacerlo lleva a la autocrítica por la derrota. Y eso, jamás.
El estribillo pegador por delante: se robaron la elección, se robaron la elección. Hubo fraude cibernético, hubo fraude cibernético. Alteraron los algoritmos, alteraron los algoritmos. Votaron los muertos, votaron los muertos. Me ganaron a la mala, me ganaron a la mala.
Todo lo anterior dijeron Trump, su abogado en jefe, y se repite hasta hoy en los medios de comunicación afines al trumpismo.
Estados Unidos no está dispuesto a pagar el precio de la ambición desmesurada y ha comenzado, con la suspensión a Giuliani, la tarea por erradicar esas prácticas que corroen la democracia y polarizan a la sociedad.
Dice la resolución del comité de jueces que Giuliani fabricó afirmaciones sobre personas muertas que habrían votado en Filadelfia. En algunas ocasiones dijo que 8 mil difuntos votaron y en otras dijo que 30 mil.
Sin evidencia alguna señaló que “las máquinas de Dominion Voting Systems manipularon los recuentos finales en Georgia” y muchas otras mentiras que parecen creíbles para el que quiere creer y no razonar.
Frente a la justicia, Giuliani sostuvo que todas sus afirmaciones falsas se las dijo alguien de su equipo y que él las tomó de ahí.
En el caso de sus acusaciones de que hubo fraude con los votos por correo en Pensilvania, dijo que tomó la información del sitio web de un bloguero de ese estado.
O sea, Giuliani y Trump lo dicen, luego la mentira la retoman otros, se envenena al país, y cuando deben rendir cuentas por su conducta irresponsable y lesiva para la nación, resulta que se los dijo el pueblo.
Para abajo Giuliani. No puede ejercer.
Y además tiene que enfrentar la investigación del Departamento de Justicia por sus tratos con agentes ucranianos previo a las elecciones del año pasado.
También hay acciones contra otros abogados de Trump que fabricaron mentiras sobre el “fraude electoral”.
Finalmente irán contra Trump, quien tiene investigaciones en curso por delitos que se investigan en el distrito de Manhattan.
La democracia se defiende en Estados Unidos.
Y eso lo hacen las personas que tienen la responsabilidad de cuidar las instituciones. Veremos si lo logran. No es fácil ni está exento de riesgos.