La maldición de los flamencos cae en 2 de julio
Pero el 2 de julio, dentro de la negritud, es una fecha señalada. Para recordar. También para no salir a la calle, pensaran algunos que se dediquen profesionalmente a esto. Fue Tomás Pavón, considerado por gran parte de la afición como el cantaor más talentoso de la historia, el primero en abrir la veda de esta sincronía fatal. Lo hizo en el año 1952, cercenando una vida condenada al soslayo. El hermano de la Niña de los Peines, elocuente en sus formas, romántico, de afinación exacta y tercios ligados, radicalmente personal, oscuro y misterioso, grabó poco; algo más de una veintena de cantes. Reacio a vender su arte ante los señoritos de la época, se apartó del mundo como antes lo hiciera Manuel Torre, uno de sus maestros. Cantaor raro, han dicho muchos. De eco imposible de crear en una probeta, con la mirada puesta aún más al fondo, en otro siglo, interpretando letras como nunca antes lo hiciera nadie. Su redondez estilizada es para muchos el todo. La elegancia, lo que ha de ser.
En 1962 falleció Paco Isidro; también, por supuesto, un 2 de julio. El onubense destacó, sobre todo, por su fandango, ese que en la actualidad repiten Arcángel, El Cabrero y otros tantos artistas de esta tierra y aquella. El fandango de Huelva cobró especial relevancia en la Sevilla de los años dorados del flamenco: los 20, los 30, incluso antes. La Ópera Flamenca lo tomó prestado y recreó a partir de él un sinfín de variantes personales que como las plumas de un pavo nos descubren la diversidad total. Paco Isidro, sombrero de ala corta daleado, voz en las alturas, fue uno de sus máximos exponentes junto a Antonio Rengel y Pepe Rebollo.
Su tocayo, Paco Toronjo, décadas después, haría de los estilos alosneros una bandera para desmontar a los que caen ante la belleza de una garganta ajada. Los fandangos son retratos, sentencias. Pequeñas historias que se cierran en un quinto verso sorpresivo por las que Toronjo nos coló ayeos propios de la seguirilla. Su mayor y único sollozo, en realidad, pues basó toda su trayectoria en él, además de la sevillana. Nada más, y tanto a la vez. Sorpresa: murió el 2 de julio de 1998. Y disculpe, lector, este obituario inaudito que en definitiva trata de invitar a escuchar.
Paco Toronjo
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ABC
Camarón de leyenda
Antes, el ya mencionado Camarón de la Isla, una leyenda que a pocos voy a presentar de nuevas, nos había abandonado. Otro 2 de julio funesto y por siempre maldito, el de 1992. Su cuerpo se fue deteriorando a causa del cáncer, que apenas le permitió participar en la Expo. con el pecho al desnudo para contar sus dolencias: «Dicen de mí que me amenaza el tiempo. Dicen de mí que si yo estoy vivo o muerto». En 'Potro de rabia y miel', su último álbum de estudio, dejó una queja postrera, con portada de Mikel Barceló y Paco de Lucía con Tomatito en las guitarras. Sus escuderos.
La lengua arcillosa de Antonio El Arenero, el más dulce de los cantaores de Triana, culmina esta ristra de personajes que hemos de recordar cada entrada en el mes de julio, aunque el isleño, como es lógico, haya eclipsado en parte a los demás. El Arenero es, a vuelapluma, o a 'vuelatecla', por actualizar el término, la verdad de lo que ha sucedido en muchos de los emporios artísticos ya desaparecidos. Una expresión imperfecta de algo que nunca se trató de mercantilizar. Cantaor de gusto y por gusto. Mecedor de soleares alfareras que unos las distrajeron del compás y otros, como Paco Taranto y Naranjito, las cuadraron de nuevo en su sitio. Dicen que los alfareros cantaban con esa volubilidad evocando la gracia de los tornos. Con amplios arcos melódicos, haciendo flexible las estructuras. Sea como sea, suenan a barro, si bien es preciso decir que Antonio, de oficio, transportaba arena. Perdieron su joya más preciada en el 2004 y hoy la rememoramos junto a una selección que, en perspectiva, no es tan gris, pues solo hizo aportar a este género musical. La verdadera maldición es no poder disfrutarlos en directo. Cosas que tiene la naturaleza, ante la que todo cede.