El monstruo de las mil cabezas
fuimos siete hermanos, mi padre y mi madre. Por tanto hijo que trajeron a este mundo, pertenecieron y nos llevaron de la mano a una clase socioeconómica no tanto pobre, simplemente media y hoy es un buen día para decirles gracias por haber decidido que naciéramos y por habernos brindado lo principal: salud, educación,hogar, amor y fe.
Lo anterior se desprende por lo dicho hace unos días por el mandatario de una gran nación en donde millones de familia luchan arduamente y sí, con un espíritu aspiracionista, no tanto individualista y con muchos escrúpulos morales para enfrentar la vida con dignidad.
Un día le pregunté a mi padre sobre el porqué los hijos de sus subalternos de la aduana iban a colegios particulares y nosotros, su prole, a la federal, siendo que él era el mero jefe y mi padre simplemente contestó: “porque yo no robo”. Sonreí con el pecho hinchado de orgullo y hasta este día traigo ese recuerdo. En casa, como en millones, no aplica la afirmación del Presidente de que “el que no transa no avanza”.
¿Querer ser de los de arriba es pecado?, ¿ir a misa, al templo y confesarse y comulgar es malo?, ¿fuimos criados con mentalidad egoísta por salir de la pobreza mediante el estudio, la lectura y la enseñanza cristiana? ¡Por supuesto que no!
Los de la clase media en la que me rodeé, y lo sigo haciendo hoy con familia propia, tiene muy bien planeados sus estudios, su ética, su civismo, su humanismo y sus convicciones políticas; unos son cristianos, otros protestantes, y de diversos partidos y nadie por eso reniega del otro, cada uno vive su rol y lo hace con caridad y de la mejor manera posible.
No todos buscan el perdón mediante la confesión semanal ante el pastor o sacerdote, pero aun sin ello su deseo de cambiar conductas de pecado los llevan a ser absueltos mediante el arrepentimiento. La comunión, que significa la unión que se da entre Jesucristo y el creyente, es sagrada y se recibe en la boca como alimento espiritual por antonomasia, ya que en ella se contiene el mismo Jesucristo en persona y de manera sacramental.
Cuidado, Presidente. Con los principios no se meta y, con las creencias, menos; se le puede revertir el monstruo de las mil cabezas: las clases medias. _