EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano
No es la primera vez que la Asociación de Cronistas de Beisbol falla en ponerse de acuerdo para darle al menos 75 por ciento de los votos a alguno de los postulados, tan siquiera, en una elección del Salón de la Fama. No es la primera vez y ya antes hemos visto como algunos ex jugadores sometidos a ese disgusto igual terminan alcanzando la inmortalidad en procesos posteriores.
Saber que de esta última papeleta todavía pueden salir futuros miembros del pabellón no aminora la decepción, sin embargo, por los muchos casos acumulados durante casi una década, lo que ha hecho que la espera no sea grata en esta ocasión.
El de Omar Vizquel es el asunto más cercano al público venezolano. Tenía una progresión mejor que la de Luis Aparicio en su momento. Con competidores de menos peso que en sus primeros tres años, se esperaba un nuevo salto que le pusiera alrededor del 60 por ciento.
De haberlo conseguido, su entronización futura era casi segura. Jamás alguien que ha superado ese límite ha quedado fuera de Cooperstown. Si no entra en siguientes votaciones, lo logra a través del Comité de Veteranos.
A Vizquel, obvio, lo perjudicó la denuncia que su esposa ha hecho en las redes y en los medios de comunicación. Varios periodistas que antes le apoyaron se retractaron públicamente, aludiendo que, mientras no se aclare el asunto, se abstendrán.
Algunos influyentes analistas, como Ken Rosenthal, se mantuvieron del lado del caraqueño y su caso sigue siendo debatible, a su favor, incluso utilizando los recursos de la sabermetría y a pesar de que es en este campo donde hay más reticencias en lo deportivo.
(De hecho, en el nuevo análisis existe la tendencia a evaluar sin tomar en consideración el aspecto moral de cada candidato. Es la razón por la que apoyan con decidido entusiasmo a Barry Bonds, Roger Clemens y Curt Schilling. El propio Rosenthal escribió en su columna que mantenía su voto por el venezolano porque su evaluación, dice, debe restringirse a lo sucedido exclusivamente a lo que pasó entre las rayas de cal, no fuera.)
Lo de Vizquel es francamente engorroso. Si es culpable de violencia doméstica, esperemos que su esposa lleve la denuncia más allá de los medios de comunicación y las redes sociales, aportando las pruebas que demuestren lo que afirma. Pero si miente, como asegura el ex campocorto, le toca a él forzar la barra para controlar los daños a su imagen.
Lo ocurrido en esta oportunidad es un aviso muy claro: una parte importante de los electores no va a marcar su nombre en la planilla mientras no tenga claro que Vizquel está libre de culpas. Y para eso va a necesitar que la MLB termine su investigación y se pronuncie con claridad, amén de tomar otras iniciativas que lleven a limpiar su reputación, de ser realmente inocente.
Hay personas que creen que la opinión de Juan Vené le ha restado apoyos, como si Juan, a sus 93 años de edad, escribiendo columnas en español para diarios del Caribe, tuviera el poder de hacer cambiar las boletas a los Rosenthal o los Jayson Stark. La verdadera razón que hará de Vizquel un integrante del Salón de la Fama, o no, será su reputación, lograr que de nuevo se hable de él únicamente por lo que hizo en los terrenos de juego y recuperar así ese debate sobre su lugar exacto en la historia, que hasta el año pasado le hizo tanto bien. No olvidemos que venía subiendo de manera decisiva... hasta ahora.
Schilling la tiene más difícil, porque esta era su penúltima oportunidad. Sus posiciones personales y políticas han sido muy duras y frontales. Con cada tuit gana un enemigo. Para colmo, en vez de bajar el tono al quedarse fuera por unos poquitos votos, menos de tres por ciento, arremetió con mayor ahínco en contra de quienes no le pusieron en sus boletas y en general contra toda la Asociación de Cronistas.
Hasta pidió ser excluido de la próxima planilla y ser pasado directamente al Comité de Veteranos. Méritos aparte, está haciendo todo lo posible para restar simpatías.
Bonds y Clemens siguen en un bucle que gira y gira alrededor del 60-65 por ciento. Parece inamovible ese grupo de casi 35-40 por ciento de votantes determinado a castigarles por el papel de ambos en la Era de los Esteroides.
Están por agotar sus 10 años de elegibilidad y luce improbable, si no imposible, que puedan cambiar una tendencia que parece inamovible. También dependerán de lo que diga el Comité de Veteranos.
Esos centenares de periodistas que insisten en apoyarles, y que a menudo incluyen también al díscolo Gary Sheffield, no votan, en cambio, por Sammy Sosa. Lo que revela una enorme hipocresía.
A uno de ellos, quizás Rosenthal, llegamos a leerle que el dominicano no era más que un producto del dopaje. Dice eso de Sosa, que posiblemente sí haya sido parte de la fiesta de hipodérmicas que danzaron en las Grandes Ligas entre 1990 y 2005, pero a quien nunca se le vinculó con algún escándalo especifico de dopaje, como sí sucedió inequívocamente con Bonds y Clemens.
¿Por qué alguien con más de 600 jonrones y una huella imborrable en aquellos años sí debe ser juzgado moralmente, con menos pruebas inclusive, o ninguna, respecto a otros a quienes sí perdonan sus pecados y veleidades?
Quien marque la casilla de Bonds y Clemens, dejando vacía la de Sosa, o se equivoca al perdonar a aquellos dos o se equivoca al no perdonar al tercero. Los tres tienen números incontestables, que van más allá del debate, y la única razón por la que pudieran no merecer una placa de bronce sería el aspecto ético, que debería afectar más a los primeros que al quisqueyano, por más tramposo que (sin pruebas) crean que fue.
Vaya un último aspecto sobre esta votación. El conteo que Ryan Thibadoux volvió a hacer sobre las 206 boletas que se hicieron públicas antes del anuncio oficial
vuelve a ofrecer la misma tendencia: los votantes de la vieja escuela, esos que prefieren la discreción, siguen apoyando en mayor medida a Vizquel y menos los casos como los de Bonds, Clemens y de aquellos que la nueva escuela defiende con base en un vistazo no ortodoxo de las estadísticas, como pueden ser los casos de Schilling, Scott Rolen y Bob Abreu.
La deducción es clara al ver cómo en el recuento final caen las proyecciones que traían los involucrados en temas de dopaje, mientras que la causa de un antiguo torpedero de estupendas manos y poco bateo gana enteros importantes.
Saber eso seguirá permitiendo que hagamos proyecciones en cada nueva edición, para ir sabiendo cuál es el chance real de cada quien con algunas semanas de antelación. Incluso para anticipar cómo se mueve la situación de Vizquel. Aunque ya nos quede claro que su estatus, ahora mismo, es mucho más complejo que el de todos sus compañeros de promoción.